La batalla del euro se está peleando en España, según el ministro de Economía de ese país, Luis de Guindos, pero se va perdiendo cada día que trascurre, agregaría yo. Después de oponerse durante meses a un rescate financiero, este sábado, De Guindos y el presidente Rajoy tiraron la toalla y, obligados por la circunstancias, pidieron a los socios de la eurozona 100,000 millones de euros para inyectarlos como capital a la frágil banca. A diferencia de los rescates de Grecia, Portugal e Irlanda, el préstamo se otorgará al fondo de reestructura de la banca española y no directamente al gobierno, para evitar mayor daño político al gobierno de Rajoy y al orgullo soberano español. Naturalmente, el rescate busca aumentar la confianza y la credibilidad en la banca y en las finanzas publicas de España, pero las cosas salieron mal, los mercados reaccionaron negativamente, el rescate llega tarde, insuficiente y confuso. En otras palabras, es más de lo mismo que ha fracasado en Grecia e Irlanda. En respuesta, la tasa de interés de referencia de la deuda española soberana aumentó a 6.8%, la más alta desde que desapareció la peseta en 1998, al mismo tiempo en que la tasa de referencia alemana se reducía a 1.49%, la mas baja de la historia.

No sé si fue Albert Einstein, pero alguien sabio dijo que la locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos. Los líderes de la eurozona están locos o son un grupo peligroso de irresponsables. La historia no les ha enseñado nada. Ignorantes, llevan a Europa y al mundo hacia la depresión. Además de un déficit crónico de demanda efectiva que está hundiendo a las economías periféricas, las economías de la eurozona están atrapadas en un diabolical loop: un circuito de retroalimentación negativa en el que la fragilidad de la banca deteriora la posición fiscal soberana, la cual a su vez daña la solvencia de la banca. La operación de este círculo vicioso en España es evidente. A diferencia de Grecia, pero similar a Irlanda, España tiene un nivel relativamente bajo de deuda soberana, pero su sector privado, empresas y hogares, es uno de los mas apalancados de Europa y el mundo.

Una gran parte de esta deuda privada está en los balances de sus bancos, con gran exposición a bienes raíces y empresas del sector de la construcción. A pesar de los mejores esfuerzos del FMI, que calcula el faltante de capital de la banca española en 40,000 millones de euros, en realidad, nadie sabe de qué tamaño será el faltante de capital una vez que se reconozca todas las pérdidas que, se sospecha, ocultan los bancos en sus balances. En tanto no se resuelva este misterio, nadie tendrá confianza en la deuda del gobierno español, lo que a su vez daña de nuevo el balance de los bancos al reducir el valor de su mejor activo: la deuda soberana de España.

Fue ingenuo, por decir lo menos, pensar que endeudando al gobierno español, a través del fondo de reestructura de la banca, se resolvería el problema que para las finanzas públicas representa el pasivo contingente en el inevitable rescate de la banca. Es hora de hacer otras cosas para evitar el colapso de la eurozona en la batalla de España.

A largo plazo, será necesario avanzar hacia la formación de una unión fiscal y una unión bancaria. Pero mientras se alcanzan estos objetivos, se debe actuar urgentemente para contener la desintegración económica y financiera de la eurozona.

El BCE tendrá que convertirse en el regulador de los bancos con importancia sistemática, el nuevo fondo de estabilidad es el que debe aportar capital a los bancos directamente. El banco tendrá que ser más agresivo en su política monetaria y Alemania deberá adoptar una política fiscal expansiva.

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