Conforme más tiempo pase y se siga retrasando el inicio de las renegociaciones, más nerviosismo habrá en torno a nuestro país.

Mantener el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés) sin la participación de Estados Unidos, no sería otra cosa que una buena intención y nada más allá de un mensaje político.

Esa unidad multinacional, que fue pensada como una respuesta a la fuerza comercial de China, tenía el atractivo para una decena de países de tener acceso al mercado de Estados Unidos, en especial era interesante para naciones del sudeste asiático.

Donald Trump llegó al poder y de un plumazo acabó con esta posibilidad y tiene todos los deseos de hacer lo mismo con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si no lo hizo para festejar sus primeros 100 días de gobierno fue porque los moderados ganaron la partida a los radicales que comparten la asesoría del presidente estadounidense.

Sin embargo, no hay que perder de vista que a Trump parece no importarle tanto la relación con México y llegará a la renegociación del acuerdo comercial con la idea de dinamitar las pláticas para poder anunciar el rompimiento, o bien, obligar a México o Canadá a levantarse de la mesa.

Esa incertidumbre en materia comercial es la que mantiene muchas inversiones detenidas y muchos capitales muy nerviosos, lo que se refleja en una alta volatilidad cambiaria y, en general, en torno a los mercados mexicanos.

Y conforme más tiempo pase y se siga retrasando el inicio de las renegociaciones, más nerviosismo habrá en torno a nuestro país. Porque además de que tanta espera desgasta, ahí están a la vista los tiempos de sucesión presidencial y el único candidato visible viene con todo el radicalismo del que sólo él es capaz.

Por eso es que vale la pena apuntar hacia una pequeña luz de esperanza que hay para que la renegociación entre los tres firmantes del TLCAN pueda ser exitosa y rápida.

La estrategia parece avalada tanto por México como por Estados Unidos e involucra al recién muerto TPP.

Desde este lado de la frontera, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo dice que hay aspectos que fueron negociados y acordados en el marco del acuerdo Transpacífico entre Estados Unidos, México y Canadá, que podrían ser aprovechados para la modernización del TLCAN.

En ese mismo sentido se pronunció Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, quien habla de las concesiones hechas por México y Canadá en la negociación del TPP y eso lo ve como punto de partida para la negociación trilateral.

Independientemente de que México busque contactos bilaterales o de mayor alcance con aquellas naciones que se quedaron vestidas y alborotadas con el TPP, el borrador de lo acordado puede hacer que los moderados estadounidenses ganen la partida al interior de la Casa Blanca.

Parece que el secreto muy mal guardado del gobierno de Trump será exigir más rigidez en las reglas de origen, eso es negociable y quizá aceptable. Pero el plan de imponer aranceles en determinados productos o a determinados cupos puede ser el punto de ruptura.

Sin perder de vista que Trump ya sepa lo que quiere y en ese plan no esté México contemplado.