México no es un país de ganadores y perdedores como sugieren muchas voces. No. México no es el país de los ricos contra los pobres, los morenos contra los güeros, los fresas contra los nacos, los neoliberales contra los socialistas o los buenos contra los malos. México no es el país de los “vencedores” (pro-AMLO) contra los “vencidos” (anti-Peje). No.

Aunque hayamos caído en la trampa de las etiquetas, los estereotipos y las descalificaciones venidas a más, hoy nos toca hacer un alto en el camino y abrir los ojos para ver y entender que, en nuestra diversidad, está nuestra mayor riqueza y fortaleza.

Por muchos años, la estrategia ha sido dividir para vencer y, tras la victoria, mantener el conflicto para gobernar a capricho de quien ostenta el poder. En nosotros, los ciudadanos, está que esto no se repita como ha sido costumbre. El problema es que muchos ya confunden reconciliación con hacer todo tipo de concesiones, con callar y no cuestionar, con aceptar lo que venga en modo pasivo y casi con absoluta resignación.

Si queremos verdadera reconciliación, tenemos que entender que todos tenemos el mismo derecho a expresar lo que queremos y sentimos, lo que nos entusiasma y nos preocupa. La libertad de expresión es un derecho de todos, no sólo de quienes por convicción o por conveniencia se han alineado a un nuevo proyecto de gobierno. Aprendamos a estar de acuerdo en aceptar el desacuerdo.

Es muy lamentable leer a quienes “critican” tanto el clasismo perder tan pronto la brújula y caer en las trampas del ego y la soberbia. Menosprecian la necesidad de “contrapesos” ciudadanos y se burlan diciendo “socialité civil” atreviéndose a cuestionar la “legitimidad” de la sociedad civil. Todos tenemos derecho a ejercer nuestra ciudadanía participando desde donde consideremos oportuno.

Sirvan estas líneas para hacer dos aclaraciones. Primero, cuestionar, exigir o desmentir a AMLO no significa estar en contra de todo o desear que le vaya mal como muchos de sus defensores argumentan (o atacan) contra quienes mantenemos una actitud crítica y vigilante. Al contrario, cuando amas a tu país y has trabajado durante años para que sea un mejor lugar para todos (no sólo para unos cuantos como argumentan muchos), no te puedes quedar callado, ni hoy ni nunca.

Segundo, tener una opinión distinta que rete tus creencias y posturas no significa que esté amargado, que tenga mala vibra o que sea infeliz. Todo lo contrario, porque soy feliz y amo a mi país, he querido y quiero lo mejor hoy y siempre para todos. De ahí que como tú, también tengo derecho a expresarme. Al final, nos une una misma causa en la que cabemos todos: México. En esto, no somos tan distintos.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.