La más reciente encuesta nacional trimestral GEA-ISA (levantada del 21 al 23 de septiembre) ofrece información interesante sobre el ánimo y las preocupaciones de los ciudadanos.

Para empezar, el ambiente político se percibe menos tenso que hace seis años. Como sucedió en el 2006, nuevamente dos de cada tres ciudadanos reprueban la negativa de López Obrador a reconocer su derrota, pero la decisión de separarse voluntariamente de la izquierda que lo apoyó y de formar su propio partido político le dio una salida institucional a su movimiento que ayudó a disipar el fantasma del conflicto poselectoral.

Sobre el proceso electoral, la equidad sigue siendo asignatura pendiente para un tercio de la población y el discurso de fraude sembrado desde la pasada elección aún permea en la misma proporción.

La mitad de la gente avala el trabajo del IFE y del tribunal electoral, cifra que no subió a pesar de que ahora contamos con nueva legislación, renovado Consejo del Instituto y magistrados del Tribunal.

La civilidad política es bien vista y el manejo responsable de la transición de gobierno ha subido los bonos del PAN, del PRI y, sobre todo, del presidente Calderón. Su labor es revalorada por la ciudadanía, recupera casi 20 puntos y pasa de 39 a 57% de aprobación.

Varios factores podrían explicar la mejor imagen de Calderón. Uno es, sin duda, su comportamiento institucional, muy distinto al de Vicente Fox en el proceso electoral del 2006. Otro es el desempeño de la economía y la notoria mejoría en las expectativas de la gente por lo que hace a su situación laboral, ingreso familiar, capacidad de consumo y acceso a crédito.

Un último factor, por contradictorio que parezca, es el tema de seguridad, donde la gente quiere cambios, pero exige continuidad de la estrategia ante la falta de alternativas mejores.

Ahora quedó atrás la confrontación electoral y los ciudadanos voltean a lo que viene.

Un apabullante consenso sobre la necesidad de las reformas estructurales (77%) que acompaña una elevada expectativa de cambios profundos y rápidos.

Un respaldo que fortalece a la entrante administración, pero que le impone una fuerte presión para hacer realidad la promesa del gobierno de resultados.

Por lo pronto, quedan dos meses de difícil coexistencia entre dos presidencias. Y una nueva Legislatura que tendrá que procesar a un tiempo el legado del Mandatario saliente y la plataforma del Ejecutivo entrante.

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