Detrás de los ataques terroristas en Francia existen profundas carencias. La realidad es contundente y desafiante: el mundo está enfermo de gravedad. La buena noticia es que, así como la enfermedad ha sido contagiosa, la cura también se puede propagar tan rápido como cada uno estemos conscientes y dispuestos.

El dolor que causa el terrorismo nos debe mover más allá de lo evidente, pues vivir en paz no solamente depende de ejércitos y gobiernos. Ya lo decía El principito: en un mundo donde lo superfluo se ha vuelto indispensable, hemos descuidado lo esencial, empezando por la defensa de la vida y de los derechos más fundamentales como la libertad, dejando todo en manos de alguien más, evadiendo responsabilidades y esperando que otros resuelvan, corrijan, hagan y deshagan.

La maldad no es inherente al ser humano, en el camino nos vamos deformando, distorsionando y desconectando. El egoísmo y desinterés nos impiden reconocer que todo lo que hacemos y dejamos de hacer tiene consecuencias. Las causas de la violencia, el odio y el terrorismo están precisamente en la falta de amor, sentido, propósito, aceptación, inclusión y falta de oportunidades. La suma de estas carencias provoca un vacío que vulnera a las personas a ser manipuladas, engañadas y utilizadas por mentes perversas cuya ambición desmedida por el poder, el dinero y el dominio no tienen límite. Ahí es donde los grupos radicales suelen reclutar a quienes en busca de aceptación quieren pertenecer a un grupo.

Estas carencias no son exclusivas de una región o un país, no son culpa de una religión o responsabilidad directa de los gobiernos. Cada uno debemos responder de manera personal qué hemos hecho y qué nos falta, cuánto hemos contribuido a ayudar a quienes son más vulnerables o qué tan indiferentes hemos sido. El odio es lo único que puede acabar con la especie humana; el amor, lo único que nos puede salvar. No depende de los presidentes Hollande, Obama, Putin o ?Assad; sólo depende de ti y de mí, de hacer lo pequeño con mucho amor.

Los gobiernos podrán o no ponerse de acuerdo; hoy, eso no está directamente a nuestro alcance. Lo que sí podemos y debemos hacer es prevenir, frenar y revertir lo que está en nuestras manos, los efectos colaterales del terrorismo como el miedo, la xenofobia, la intolerancia, la segregación, el odio y la radicalización. Si lo hacemos, el mundo será un mejor lugar para vivir.

Twitter: @armando_regil