En Haití llueve sobre mojado: crisis, desastres permanentes y terribles males crónico-degenerativos de pobreza, corrupción e inestabilidad política. En sólo seis años, el país caribeño ha sido golpeado por el más devastador terremoto en dos siglos, una epidemia de cólera y el demoledor huracán Matthew, matando a cientos de miles de personas y dejando a millones en la desesperanza.

Haití vive en estado de emergencia y su crisis contagia a otros territorios. México siente los efectos desde mayo pasado. A los cientos de miles de migrantes mexicanos y centroamericanos que cada año se acercan a la frontera con Estados Unidos para intentar cruzar, ahora se suman miles de haitianos y africanos con la misma intención. El Consejo de Migración de Baja California reporta que más de 10,000 de ellos siguen llegando a Tijuana y Mexicali.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reveló a legisladores que sólo en Brasil hay cerca de 50,000 haitianos que están considerando viajar a la frontera noroeste de México. Muchos salieron de Haití después del terremoto del 2010, otros salieron tras el huracán Matthew, pero hoy se encuentran varados sin dinero en México. Duermen en calles, casi ninguno habla español y todos tienen hambre y miedo, pero ninguno está dispuesto a moverse de ahí hasta conseguir su propósito.

No existe capacidad para recibirlos y siguen llegando por miles. Chiapas, particularmente Tapachula, es su puerta de entrada. Según la agencia Quadratín, la Subsecretaría de Atención a Migrantes en Chiapas prevé el arribo de 30,000 migrantes haitianos y africanos próximamente.

México y EU acordaron acciones para ayudar a los migrantes a completar sus trámites, pero el desafío va mucho más allá de un asunto administrativo. La situación es grave, hay estado de alerta, y las autoridades mexicanas están rebasadas ante los problemas de insalubridad, inseguridad y migración: temas contrastantes con la aún vigente crisis en Europa, cuyos saldos escalofriantes, según BBC News, incluyen 3,406 muertos y más de 1 millón de refugiados, la inmensa mayoría en busca de asilo político.

A este nivel, la migración puede ser desestabilizadora y no falta quien piense que la nueva realidad en la frontera norte de México podría estar siendo atizada o, al menos, influenciada, por actores interesados en desvelar el rostro inseguro, peligroso e inconveniente de la migración.

Comunicar la verdad

Como suele ocurrir en México ante la ineficacia de los gobiernos, son las organizaciones civiles quienes toman la iniciativa y dan buen ejemplo. Albergues como el Comedor del Padre Chava, coordinado por Margarita Andonaegui; la Casa del Migrante, por Patrick Murphy; la Pastoral Social Caritas, por Mario Herrera Mata, y la Casa Madre Asunta, dirigida por Adelia Contini, entre otras, trabajan incansablemente a su máxima capacidad con pocos recursos pero mucha voluntad.

El peor enemigo en las crisis es la inercia en la toma de decisiones del gobierno, quien asume se resolverán sin mayor esfuerzo, ignorando el impacto consecuencial e inminente caos que se avecina. Si el gobierno no es parte de la solución, entonces es parte del problema.

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