Los tiempos de intercampaña son los tiempos de las encuestas. Para fortuna de las casas encuestadoras, la revanchista reforma electoral del 2007 dejó fuera de la mira del rencor de los partidos las mediciones de popularidad, por eso hoy son los reyes de la nota electoral.

Entre los candidatos presidenciales lo que más llama la atención es sus respectivas tomas de protesta. Desde el Estadio Azul vacío de Josefina Vázquez Mota, pasando por el Hotel Hilton de la Alameda lleno de acarreados al Metropolitan, hasta el reclamo absurdo de que hubiera un prompter en la toma de protesta de Peña Nieto.

Pero la guerra en exclusiva de aquí al 30 de marzo en que inician las campañas la libran las casas encuestadoras. Sean reconocidas o no, logran un espacio para que sus mediciones se conviertan en la referencia preelectoral a poco más de tres meses de las elecciones.

La más reciente y una de las más serias es la de Consulta Mitofsky, que no ofrece ninguna sorpresa con respecto a las mediciones conocidas hasta ahora. Enrique Peña Nieto, del PRI, obtuvo en esta encuesta 38.5% de la intención del voto.

En un segundo lugar está Josefina Vázquez Mota, del PAN, con 24.2% y en un lejano tercer lugar se encuentra Andrés López Obrador, con 17.8% de las preferencias del voto.

La verdad es que las opiniones de los potenciales electores se han movido poco con respecto a las mediciones previas por la simple razón de que los aspirantes presidenciales han estado ausentes, precisamente, por este invento de las precampañas que los tiene muy escondidos de la opinión pública.

Lo poco que han hecho en estos días son las tomas de protesta que no alcanzan a mover las preferencias electorales presentadas hasta ahora y que, seguramente, podrían tener poco impacto en las mediciones por venir. Sobre todo porque las anécdotas de sus eventos quedan reservadas para los círculos que tienen más acceso a la información política, que no son tantos.

Pero la realidad de estas mediciones es que se llevan a cabo con base en simples percepciones de las figuras políticas y sus partidos. No hay hasta ahora algún impacto de sus propuestas de campaña.

A pesar de que los tres han delineado un esquema de lo que proponen como esquema de gobierno, no hay campañas aún en las que puedan prometer abiertamente de qué manera van a gobernar.

Y cuando llegue el momento de que los tres principales aspirantes fijen su postura respecto de los temas centrales de gobierno, será obvio que no se habrán de meter en los temas más complicados de la agenda, sean temas económicos o de seguridad.

Por ejemplo, en la parte financiera será muy difícil escuchar a un Enrique Peña Nieto aceptar que muchas de las cosas hechas hasta ahora por los gobiernos panistas han sido adecuadas en el manejo financiero.

Cuando hablen de lo bien que lo ha hecho el Banco de México seguro insistirán en que la autonomía del banco central es obra y gracia de los priístas, y habrán de recordar que muchos de los cuadros que están a cargo de las finanzas nacionales son de origen tricolor.

Y cuando toque el turno a Vázquez Mota será muy difícil que acepte que hay muchas áreas donde las cosas se han hecho terriblemente mal como en comunicaciones y transportes, donde han fallado los planes de infraestructura carretera y de competencia en las telecomunicaciones.

Y López Obrador, bueno, pues él dirá que está dispuesto a sentarse con los empresarios para escuchar sus puntos de vista e insistirá en su mismo y viejo discurso sin fondo del cambio verdadero.

En fin que las encuestas miden los niveles de popularidad, porque no hay nada más que medir. No hay una sola oferta concreta que poner a consideración de los posibles votantes.

Y peor que eso, las preferencias sobre quienes desde el Legislativo habrán de acompañar al posible ganador están prácticamente ausentes.

Si algo va a determinar el éxito o fracaso de un gobierno será la capacidad política de hacer que el Congreso acompañe el plan de gobierno del siguiente Presidente. Si no hay una comunión entre el plan del Ejecutivo y las ideas del Legislativo será inútil estar midiendo ahora tanta popularidad.

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