Estamos empezando un año que pinta muy bien para México. Pero no sólo los mexicanos hablamos y presumimos que estamos entrando tanto a una nueva era como a una nueva senda de crecimiento, sino que el mundo entero piensa igual.

Cerramos el año con un pacto firmado entre la clase política de todos los partidos, en el que se comprometen a darnos muchas iniciativas y cambios estructurales que los políticos se habían negado a darnos. En resumen: este año quedarían sentadas las bases para una transformación de nuestra estructura fiscal y energética.

En Estados Unidos (EU), las cosas no fueron así. El año cerró con un mal sabor de boca porque los políticos de ese país discutieron sin cesar sobre el precipicio fiscal y sabían que muy pronto tendrían que hacer lo mismo con el techo de la deuda. Las repercusiones fueron importantes: volatilidad financiera, que acaba costando dinero, e inestabilidad económica, producto de infructuosas discusiones entre demócratas y republicanos que lo único que lograron fue patear el problema hacia el futuro, ya que de fondo, no está resuelto.

Además ese país va a enfrentar un recorte al gasto por más de 1 billón de dólares el 1 de marzo y, nuevamente, deberán discutir sobre el abismo fiscal y el techo de la deuda. Hoy, el pronóstico de crecimiento de EU -por ende, de México y muchos otros países del mundo- está en manos de los políticos. La manera de resolver estos temas será determinante para el crecimiento global.

En el caso de México, no llevar a cabo lo que creemos debe realizarse a la brevedad podría decepcionar no solamente a México, sino también al mundo y, consecuentemente, tener graves problemas en nuestra economía. Creo que la Bolsa mexicana y muchos de los indicadores han descontado por anticipado el que estos cambios estructurales se van a llevar a cabo; de hecho, frecuentemente me preguntan si creo que la Bolsa mexicana está muy cara.

Si no llevamos a cabo las reformas, efectivamente, está cara y de súbito podría bajar considerablemente; en cambio, si este optimismo y buen sentimiento hacia nuestro país se consolidan, nuestra Bolsa tendría todavía potencial para seguir subiendo, moderadamente pero creciendo.

El año va a estar lleno de episodios de volatilidad; algunos, atribuibles a Europa; otros, a la parte política estadounidense, y espero que ninguno sea atribuible a algún fenómeno local. Como vemos, también en México el destino y rumbo de nuestra economía está en manos de unos cuantos.

Me llama mucho la atención y hasta me enoja ver cómo aquellos que hace algunos meses apoyaban cambios en un sentido, en la actualidad los rechazan.

De la misma manera me enoja y llama la atención que quienes ahora lo promueven, hace unos meses lo rechazaban. Se trata de ver por el bien común, por nuestro país, y por el futuro a mediano y largo plazo. Hay que romper con la costumbre de ver o actuar con intereses partidistas o electorales que siempre son populares y a corto plazo.

*El autor es Director General de Somoza Finamex.