Han transcurrido cuatro meses de pandemia. Meses eternos que han rasgado de manera profunda la salud y la economía de millones de mexicanos.  A pesar de la contra narrativa oficial, los efectos de la pandemia son ya visibles: además de las cifras aterradoras en materia de salud, la peor recesión en casi un siglo con millones en el desempleo, en riesgo de caer en pobreza.

Esta crisis será duradera y dejará secuelas económicas y sociales para el país que aún no han sido caviladas del todo, particularmente por parte del gobierno. Cuatro temas por los que la actual administración apostaba hace apenas algunos meses -previo a COVID- han quedado sepultados por la pandemia:

1.- “Contamos con finanzas públicas sanas”: aún antes de la pandemia, las finanzas públicas mostraban debilidad (resultado de la recesión autoinducida en 2019). Post-COVID, el deterioro se ha acentuado gravemente. Para compensar el hueco fiscal, el gobierno ha tomado medidas inéditas como congelar 75% de todo el gasto operativo del gobierno, capturar los recursos de los fideicomisos que tenía a su alcance y endurecer las medidas fiscales. Ello, sin embargo, no será suficiente para impedir un incremento significativo del déficit primario del gobierno y un importante incremento de los requerimientos financieros del sector público. Para 2021 -y para lo que resta del sexenio- las finanzas públicas se estrecharán aún más. ¿Cómo responderá el gobierno?

2.- “Pemex será la nueva palanca de desarrollo”. La intención del presidente de hacer de Pemex la gran palanca de desarrollo ha colapsado. Las ambiciosas metas de producción son inviables ante la escasez presupuestaria que se avecina. A pesar de ello, el gobierno parece dispuesto a doblar la apuesta por la producción petrolera y la refinación, lo que conducirá a que el balance financiero de la empresa se deteriore más en los próximos meses y forzará mayor inyección de capital a la empresa, a costa de las finanzas públicas. Este círculo vicioso puede continuar por algunos años más, pero, más temprano que tarde, fracasará.

3.- “La calificación crediticia de México no corre riesgo”. Lo impensable hace apenas algunos meses empieza a volverse consenso: México se encuentra en la ruta de perder su grado de inversión -desde el 2002- en los próximos 12-18 meses. Antes del coronavirus, la debilidad de las finanzas públicas y de la situación financiera en Pemex eran motivo de preocupación para las calificadoras. Luego de la pandemia, la situación crediticia del país ya se tornó en un intenso foco rojo. ¿Hará algo el gobierno para evitarlo?

4.- “La inversión privada se recuperará”. Aún antes de la llegada de Covid-19, la inversión fija bruta –que depende mayoritariamente de la inversión privada– acumulaba seis trimestres consecutivos de contracción. La razón: una muy larga lista de decisiones legislativas y regulatorias minaron la confianza para invertir en México. Los meses de la pandemia han acrecentado aún más la incertidumbre jurídica por lo que no es claro cómo, en tal contexto, resurgirá la inversión privada. A pesar de ello, el presidente anticipa una recuperación en “V” por la expectativa de que los fundamentales macroeconómicos y el T-MEC sirvan de palanca para un rápido repunte durante el segundo semestre del año. Sin certeza jurídica, ¿cómo volverá la inversión?

La pandemia cambió al país y al sexenio para siempre. Apenas comienzan a hacerse visibles las consecuencias de ello. ¿Cómo responderá el gobierno a esta nueva realidad? ¿Pragmatismo o ideología? Al día de hoy, nada parece sugerir que habrá cambio de rumbo.