A unos meses de asumir la presidencia de la República, López Obrador anunció que a su triunfo electoral seguiría un “cambio de régimen”, no un simple cambio de gobierno. El significado de la expresión nunca ha quedado del todo claro.

Siempre parece asociarla con el rompimiento con el pasado “neoliberal”. Lo más cerca que ha estado de darle un contenido concreto ha sido en algún discurso donde menciona la promoción de la democracia participativa y la instauración del principio de revocación de mandato.

En los hechos, López Obrador ha celebrado tres “consultas populares” al margen de la ley, sin la intervención de autoridades electorales imparciales y con el fin de revestir de legitimidad democrática a decisiones previamente tomadas. Tal es el caso del plebiscito simulado para cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en 2018. También promovió una reforma constitucional para introducir la revocación de mandato, que finalmente se aprobó en noviembre del 2019.

Pero el verdadero cambio de régimen ocurrió tras bambalinas, conforme el grupo parlamentario de Morena se apoderó de la mayoría en la Cámara de Diputados. Primero consiguió que 58 legisladores del PES y PT “chapulinearan” hacia su fracción.

Después negoció la “transferencia” de cinco diputados mediante un acuerdo político con la dirigencia del PVEM, el aliado del PRI de 2003 a 2018. Junto con la adhesión de un diputado del PAN y otro del PRD, Morena pasó de 191 a 253 legisladores, suficientes para asegurar por sí sólo la mayoría simple en la Cámara de Diputados.

Junto con sus socios de coalición de 2018 y su nuevo aliado, el PVEM, el bloque legislativo encabezado por Morena quedó cerca de la mayoría calificada. El paso adicional que le dio la capacidad de aprobar cambios constitucionales en la Cámara Baja lo consiguió con el desmantelamiento de la bancada parlamentaria del PRD.

En febrero del 2019, nueve de los 20 diputados del sol azteca abandonaron su fracción parlamentaria. Algunos se declararon “diputados sin partido”, los demás se sumaron a otras bancadas y todos votan con el bloque oficialista encabezado por Morena.

Cambios similares fueron ocurriendo en el Senado, donde una oposición fragmentada ha ido perdiendo legisladores que de una manera u otra terminan votando con el bloque morenista, aunque formalmente pertenecen a la oposición. Hoy en día nadie puede decir qué tan cerca está la 4T de la mayoría calificada en la Cámara Alta.

El verdadero cambio de régimen impulsado por López Obrador ha sido el restablecimiento del poder presidencial absoluto, mediante la anulación de contrapesos institucionales. Representa un regreso a lo que el historiador Enrique Krauze llamó el periodo de la “presidencia imperial”, un régimen basado en la hegemonía política de un solo partido. Hay signos inequívocos de su restauración por todos lados. Los excesos y el abuso del poder se han vuelto parte de la nueva normalidad política en México.

En el Congreso, el bloque morenista legisla en contra de los derechos de minorías reconocidos en la Constitución. En el Ejecutivo, el presidente polariza al país y se pone por encima de la ley para intervenir en las campañas electorales a favor de los candidatos de su partido. La dirigencia de Morena amenaza abiertamente a las autoridades electorales para que resuelvan a favor de sus intereses.

Pero el cambio de régimen impulsado por el presidente López Obrador no es irreversible. El electorado tendrá la oportunidad de decidir si lo detiene o abre las puertas a su consumación en las elecciones del 6 de junio.

Delante de sí tiene opciones bastante claras. Por un lado, una oposición dividida que ofrece convertirse en un contrapeso que frene los abusos del poder presidencial y proteja las instituciones que hicieron posible la transición a la democracia. Por otro, el bloque morenista que busca depositar todo el poder en manos del presidente López Obrador, para que complete la destrucción de la herencia neoliberal y regrese a México al camino del que se desvió cuatro décadas atrás.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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