Siempre he creído que hay que estar preparados todo el tiempo para lo peor. ¡Caray! suena horrible, vaya manera de comenzar esta semana mi colaboración. No se arredren y sigan leyendo que hoy decidí que de plano fuera máscaras ¿para qué les voy a decir que todo estará bien y que siempre pasa lo mejor? Bueno, eso no sucede ni en Disneylandia y menos ahora. Y no se trata de que estoy deprimida o de que traigo una nube negra sobre mi cabeza, no, honestamente solo trato de ser objetiva. Prepárense.

Ahí les van algunos datos para documentar mi mala onda actual: el mundo está económicamente colapsado, prácticamente todos los países están sufriendo en carne viva las consecuencias de este bicho nanométrico que nos ha puesto de cabeza. Al escribir esta columna existen 13,405,694 de personas contagiadas en el mundo y 580,552 fallecidas por esta pandemia. Aquí en México, las cosas también mal: 317,635 contagiados y 36,906 han muerto al día de hoy. En cuanto a la economía, la cosa es igualmente desastrosa: el PIB se va a contraer en todo el planeta entre un 5.2% (Banco Mundial, junio) y un 3% (FMI, más optimista). Para documentar mejor mi falta de entusiasmo, en nuestra tierra el PIB se cayó el segundo trimestre (de este espantoso año) entre el 17% y el 20% (Banco de México de julio) y en el tercer trimestre del 2020 se pronostica una caída del alrededor 10,37, de acuerdo a la misma fuente.

Más datos para estar hasta el gorro: ya se reconoció la baja recaudación fiscal del segundo trimestre; ni de lejos parece que habrá apoyos para las pequeñas ni medianas empresas; hasta el momento aproximadamente 90,000 restaurantes han quebrado (por hablar solo de un rubro comercial) y muchas diversas empresas desafortunadamente también van a tronar; 12 millones de personas actualmente están sin empleo; Coneval nos anuncia que este año engrosarán las filas de los pobres más de 10 millones de personas aparte de las que ya teníamos antes en nuestro país.

No me digan que íbamos perfecto y que solo el Covid es culpable de todo esto. Veníamos sufriendo una recesión desde 2019 por la falta de confianza en nuestro país, por cambiar las reglas a la mitad del juego, por cancelaciones absurdas de proyectos, por la incapacidad para honrar compromisos que se habían adquirido con inversores nacionales y extranjeros y porque, a pesar de haber tenido por lo menos tres meses para prepararnos, se dieron señales confusas, irresponsables y contradictorias que están costando muchas vidas.

Lo dicho: estamos viviendo lo peor. Y ahora… ¿cómo enfrentamos esto?

La respuesta es sencilla, pero llevarla a cabo es extraordinariamente complejo. Es evidente que no soy economista y no puedo dar soluciones en esta materia. Soy simplemente una psicóloga preocupada por encontrar recursos emocionales y racionales dentro de mi (y de todos) para poder sobrevivir a esta terrible presión que tenemos que afrontar. Ahí les va y espero que les pueda ayudar en algo:

  1. Enfrentemos la realidad. Es mas fácil creer en los “otros datos” que, con valentía, darnos cuenta de la muy difícil situación que estamos viviendo. No miremos para otro lado.
  2. A partir de este diagnóstico analicemos fríamente cuales son nuestras debilidades y fortalezas. En tiempos difíciles todo puede ser de utilidad o todo puede ser un estorbo. Deje usted a su ego colgado en el clóset y sea capaz de empezar de cero con buen ánimo y sin victimizarse.
  3. Es posible que más allá de su profesión tenga un hobby o afición que en este momento le permita no solo ocuparse sino también ganarse el sustento. Vamos por ello.
  4. En el teatro, como en la vida, no hay papeles secundarios ni pequeños, todo depende de la intensidad y profesionalismo de nuestra actuación. Actívese, atrévase, sea creativo e ingenioso. Mientras las cosas no estén mejor solo permítase media hora al día (la regadera es buen lugar para llorar) para sentirse miserable y/o despreciarse a si mismo.
  5. Piense siempre en los otros. La empatía, el hacer equipo y el tratar de ayudar a los demás nos ayuda, más de lo que creemos, a nosotros mismos.

Que el otro sea la motivación para moverse muchas veces contra viento y marea. Así nos tocó. Sus hijos, su familia, sus padres, sus mascotas, sus hermanos, sus amigos, todas las personas que creen en usted, serán los grandes impulsores de su necesidad de sobrevivir.

En fin, aunque parecen recetas de un libro de superación personal créanme que resultan útiles cuando nos sentimos solos (como estamos) e incapaces de seguir adelante. Nada es para siempre, ni los horrores que estamos viviendo, aunque no parezca, finalmente se irán en unos cuatro años, espero (¡por piedad!), no más. 

Y por último recuerden siempre que como dijo Murphy: hasta lo pésimo puede empeorar. No se nos olvide que la tormenta puede arreciar.

Psicodramas y consultas

@TVale2012

terevale2019@gmail.com

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.