Los senadores fueron testigos de la experiencia y colmillo de la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier. No estaba fácil. Su comparecencia implicaba mostrar un trabajo eficiente en un contexto adverso y la estrategia que abrazó fue buena: la Secretaría de Economía es una isla, es una isla bien organizada, y se acabó.

Que qué va a pasar con la reforma eléctrica, que si tiene relación con Bartlett, que si tuvo vela en el entierro de la competitividad energética… no. Nada de eso se relaciona con ella. Para empezar, que le pregunten a Manuel Bartlett sobre la reforma y su impacto, y además, el trabajo legislativo no le corresponde a ella y desde su oficina observa con imparcialidad y respeto a la división de poderes, lo que deciden con libertad los legisladores. No, no es su asunto, ella es respetuosa y pregúntenle de su isla.

Oiga secretaria, ¿y la política fiscal? ¿Y la miscelánea? Pues nada, Clouthier se refugió en su ínsula, que ella administra con mucho profesionalismo, y advirtió que lo de futurear no es lo suyo, que ella está viendo el presente y en el presente lo que puede decir es que fue a Italia y ya convenció a unos mezclilleros importantísimos y a unos lindos restaurantes de pasta para que inviertan en México y a ellos les latió mucho la idea, aunque produzcan para la clase media aspiracionista. Lo último, lo de la clase media, no lo dijo ella, pero alguna licencia hay que tomarse. 

Oiga secretaria pero la economía está ligada a nuestro desempeño internacional, a la certidumbre jurídica, a los contratos y a la responsabilidad que muestre el Estado mexicano. Además, estamos ya en escenarios de economía circular, el mundo ya cruzó un umbral. 

Sí (y regresaba a la isla) por eso es importante que impartamos cursos a los emprendedores y distribuyamos cheques, aunque no se haya alcanzado el porcentaje del PIB idóneo para mantener a flote a los negocios estratégicos durante la pandemia (esto último no lo dijo ella, no se confundan, esto es de mi cosecha). Por cierto, los que traen las ideas de vanguardia son Nuevo León, Jalisco y Querétaro y ella los escucha con atención, incluso cuando presentan proyectos de economía circular. 

La verdad es que salió muy bien parada. Que le encanta la energía renovable, que ya vio que el tren maya va a moverse, en parte, con electricidad limpia, que ninguna empresa internacional se ha quejado por la política económica y que ella sabe lo mismo sobre la inquietud internacional que los legisladores que leen la prensa. Porque eso, suponemos, no es con ella. No es con ella el escenario completo. Por lo visto, a ella le encargaron transferir recursos y cambiar las prioridades, así que el papel que jueguen la inflación, las reformas, el Estado de derecho, el empleo formal, el contexto energético o los incentivos fiscales no tienen nada qué ver con la Secretaría de Economía y vayan y pregúntenle mejor a Bartlett. 

Lo de la COP26 sí le interesa y está metida, pero en abstracto, no con políticas públicas adversas al medio ambiente que se tomen en el gobierno del que forma parte. Ella sólo es la secretaria de Economía, que como todo mundo sabe, es una isla, se cuece aparte y se cuece bien.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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