No se trata de agilizar el ritmo de los debates. Quizá no baste con hacerle ajustes al formato para mantener la fluidez de las discusiones en los restantes debates entre la candidata y los candidatos a la Presidencia. Un debate no es para explicar a profundidad una propuesta.

Por eso, el pasado domingo, aunque uno de los temas centrales era la seguridad, sólo escuchamos a cada uno de los aspirantes a la Presidencia citar los lugares comunes de siempre, los de los discursos de mitin, las ambigüedades habituales.

Primero, el tema es demasiado complejo para exponer una solución en uno, dos, tres o cinco minutos. Segundo, porque quedó claro que ninguno de los candidatos tiene una idea clara de cómo enfrentar el grave problema de la violencia criminal.

Riesgos de la austeridad extrema

Desde hace tiempo, más de una década, se maneja con fines políticos el discurso de la austeridad presupuestal, ahora retomado hasta por organizaciones no gubernamentales, cuyos patrocinadores deberían saber el costo de la austeridad presupuestal extrema.

Así, sin suficiente análisis y evaluación, se proponen ajustes a los salarios y las prestaciones de los servidores públicos, los cuales el juicio ligero es considerarlos un privilegio, no una merecida remuneración a sus servicios.

Así se convierte en lugar común la reducción de los salarios de los servidores públicos, particularmente de los mandos medios y altos. Nadie recuerda el viejo y mordaz adagio que si pagas cacahuates, tendrán changos.

Wishful thinking en posdebate

Para la opinión pública se hace de los debates presidenciales una suerte de concurso, en el cual obligadamente tiene que haber un triunfador, y no en eventos que permiten a los ciudadanos ver cómo se desempeñan la candidata y los candidatos cuando están sujetos a presión.

Y, claro, otro sector, mucho más amplio de lo que quisiéramos, con la esperanza de que se conviertan en confrontaciones, en pleitos de esos que coloquialmente suelen calificarse como pleitos de lavadero.

En afán de complacer a las dos expectativas, los respectivos equipos de campaña han hecho del posdebate un ejercicio de triunfalismo, muy democrático, pues todos repiten, casi en coro, ¡gané, gané, gané!

NOTAS EN REMOLINO

Como efecto colateral del debate presidencial se reanudará la disputa por fijar la agenda temática a los medios y a los candidatos. Veremos si alguien logra arrebatársela a Andrés Manuel López Obrador... A pesar del entusiasmo, será muy complejo vigilar el cumplimiento de las reglas del TLC con Europa, porque los europeos suelen ser más proteccionistas que Donald Trump... Preocupa escuchar al dirigente nacional del PAN, Damián Zepeda, decir que la violencia es por las bandas del crimen organizado. Cuidado con los diagnósticos al botepronto... Resulta que a su llegada a Estados Unidos, el exgobernador tamaulipeco, Tomás Yarrington, extraditado por acusaciones de lavado de dinero y complicidad con el narco, se declaró insolvente y el tribunal le asignó un defensor de oficio... Curiosa conclusión de la Cámara de la industria editorial, pues juzga que el valor de los libros de texto gratuitos ya no es el mismo que cuando se crearon... Curioso giro en la actitud de varias de las más connotadas ONG, pues casi todas, por razones de sus orígenes y patrocinadores, han sido duras críticas de los gobiernos del partido hegemónico del siglo pasado, hoy quieren discutir si lo que hace falta es una versión moderna que, sin sacrificar avances, restituya el manejo centralizado del gobierno de la República...

jose.fonseca@eleconomista.com.mx

José Fonseca

Periodista Político

Café Político