El Padrino, don Corleone, solía decir que un abogado con su portafolio podía robar más que 100 hombres con metralletas. Se equivocaba, obviamente: la posibilidad de esquilmar con impunidad se da con mayor facilidad cuando existe un monopolio público, como Petróleos Mexicanos (Pemex) y cuando sus beneficiarios abusan del privilegio monopólico.

Es el caso de los distribuidores concesionados de combustible, que meten la uña mediante un procedimiento sencillo, los litros de gasolina que expenden tienen en realidad 950 mililitros o menos.

Se dice que 70% de las gasolineras roba a sus clientes mediante esa argucia. La pregunta es, ¿por qué no lo hace de esa manera el restante 30 por ciento?

Si nos ponemos a pensar cuáles son los factores que permiten que se registre ese saqueo, tenemos que empezar por decir que uno de ellos es la impunidad: si están en posibilidad de estafar en esa forma, para qué actuar con rectitud.

Otro de los aspectos que permiten este robo es la venalidad de los inspectores de las gasolineras: el concesionario se mocha con el supervisor y éste a su vez coloca el sello o la palomita y se marcha con el bolsillo más gordo.

Los consumidores de gasolina y diesel carecen de opciones. No pueden echarle consomé al tanque y tampoco llenarlo más que en las estaciones concesionadas por Pemex. Pero existiría otra aproximación a este asunto que en los castos oídos de los dogmáticos y de los fanáticos estatistas suena a herejía: corregir el problema mediante la competencia. Si hubiera otros oferentes de gasolinas y diesel, los consumidores tendrían la posibilidad de elegir.

A mayor abundancia, la competencia le ganaría la clientela a Pemex con tan sólo un anuncio inocente: Con nosotros los litros sí son de 1,000 mililitros .

Las perspectivas para la problemática no son optimistas. El arreglo institucional perverso que subsiste no facilita la corrección e incluso permite su persistencia. Éste es el punto clave, aunque el Secretario de Economía haga declaraciones enérgicas o el diputado Gerardo del Mazo, de Nueva Alianza, haya presentado una iniciativa para acabar con el problema.

Si permanece el arreglo institucional perverso, tampoco funcionarán las recetas técnicas para instalar en las bombas aditamentos de confiabilidad con el fin de controlar los suministros. Los saqueadores siempre encontrarán la manera de darles la vuelta.

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