De acuerdo con la literatura disponible, un proceso de evaluación de impacto de programas, más allá de la metodología, debe fundamentarse en la investigación científica. De esta forma, se obtienen niveles de confiabilidad y validez de los resultados alcanzados.

Sin embargo, dada la experiencia, es claro que la elaboración de líneas de base y los diagnósticos son de primera relevancia para lograr una evaluación confiable. En los programas del campo estas premisas no son la excepción.

Ambos conceptos pudieran confundirse. Sin embargo, son diferentes, tienen distintos objetivos y tiempos de realización.

De acuerdo con la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), una línea base es una encuesta descriptiva que cruza secciones y que, principalmente, proporciona información cuantitativa sobre el estado actual de una situación particular.

Además, una línea de base se realiza sólo a partir de un programa o proyecto que esté ya en operación. De tal forma que muestran y se enfocan, específicamente, en la situación inicial de la población objetivo de un programa.

Por su parte, un diagnóstico es un estudio previo a la realización o implementación de un programa y sirve, generalmente, para definir la estrategia a seguir.

Por ello, describe y explica de forma general una potencial zona de intervención y, por lo general, trabaja con una población amplia que no se limita a la probable población objetivo.

De esta forma, el diseño de una línea de base de un programa enfocado al campo se inicia al contar con una caracterización adecuada de los productores con indicadores.

Por ejemplo al conocer: hectáreas disponibles para la siembra, rendimiento por hectárea, volumen de producción obtenido, ingresos por la venta del producto, tipo de tecnología adoptada, costos de producción, condiciones de vida, área de influencia del programa, entre otros.

Además, es importante que el programa a evaluar se encuentre mínimo dentro del primer año de ejecución, así como contar con un sistema de monitoreo y evaluación.

Por lo anterior, es importante que -más allá de un esfuerzo por evaluar programas- se considere que para poder tener certeza sobre los resultados y la efectividad, es necesario contar con un ciclo de evaluación que considere líneas de base.?

*José Ramón Ojeda Ledesma es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.? [email protected]