El Consejo de Ética y Transparencia de la Industria Farmacéutica amplía su espectro de supervisión hacia los dispositivos tecnológicos.

Con la velocidad de la tecnología médica, es creciente el papel de empresas y sectores que antes ni siquiera era posible imaginar su futuro protagonismo en el ámbito de la salud.

Fabricantes de cámaras que hoy producen microdispositivos para poder insertar en el cuerpo minúsculos proyectores a fin de que el neurólogo pueda ver la imagen al momento de una cirugía de cerebro o para que el cardiólogo pueda hacer una intervención coronaria a fin de puentear sin problema arterias obstruidas.

Los productores de la tecnología donde van montados dichos microproyectores o los que producen dispositivos de monitoreo a distancia o los que producen para ortopedia prótesis de articulación de rodilla o de cadera o para la columna, todos son sectores que de unos años a acá incursionan con fuerza en la industria de la salud.

Ésos son ya procesos cotidianos en esas especialidades, y es un hecho que las empresas tecnológicas se seguirán insertando en nuevos ámbitos de la medicina.

De este tipo de tendencias está muy pendiente Cetifarma, el Consejo de Ética y Transparencia de la Industria Farmacéutica, que hace 12 años cuando fue creada básicamente se concentraba en la industria productora de medicamentos. De hecho, su propio nombre así lo indica, pero la realidad le obliga a actualizarse.

Juan Francisco Millán, director general de dicho Consejo desde su constitución en el 2005, tiene claro que junto con los avances médico-tecnológicos surgen nuevos riesgos éticos para los cuales hay que estar vigilantes, y Cetifarma va desarrollando estrategias para extender su cobertura hacia esos sectores nuevos de la medicina.

Si antes el tipo de preocupaciones eran los productos milagro o la publicidad irregular de medicamentos, ahora su mirada se amplía hacia esos escenarios de riesgos antes impredecibles.

A la fecha en Cetifarma hay 180 empresas adheridas. En un inicio fueron los mismos miembros de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma); ahora se incorporan empresas tecnológicas, de dispositivos médicos, de material de curación, de prótesis, etcétera. Incluso, las distribuidoras especializadas de insumos para la salud que van más allá de los fármacos.

Los riesgos de que una persona porte insertos en su cuerpo equipos y dispositivos, también deben ser considerados, y ello requiere vigilancia sanitaria no sólo de las empresas productoras de la tecnología, sino de las autoridades sanitarias y del organismo de vigilancia ética.

Aparte está la vinculación entre medicamentos y microtecnologías como el caso de los stents que permiten transmitir moléculas de liberación prolongada hacia órganos específicos. Hasta hace unos años los stents servían para desbloquear mecánicamente arterias coronarias. Ahora, además, ejecutan liberación prolongada de medicamento para evitar nuevos coágulos e infartos. Son innovaciones que extienden la vida a personas que en otra época tenían bajas posibilidades de sobrevivir; ahora permiten extender la existencia incluso por décadas.

Ante tal velocidad tecnológica, Cetifarma sabe que es vital que, como organismo de vigilancia ética y bioética en la atención de la salud, estar atento de cualquier riesgo y que las empresas se comprometan a mantener ese rigor no sólo en lo legal sino en términos éticos sobre el cuidado de sus productos.

Millán nos explica que va igualmente aparejada aquella tendencia de mínima estancia hospitalaria, procedimientos de mínima invasión, siempre bajo el enfoque de los carriles paralelos de seguridad del producto-seguridad del paciente.

El reto de Cetifarma es desarrollar algo clave: los sistemas de autorregulación. Y para ello están en proceso de transición para pasar de la voluntad del discurso a la evidencia de los hechos. A final de cuentas se trata de que haya confianza no sólo en el médico sino en todo el sistema de salud del país.