La reciente reunión del Grupo de los Siete (el grupo de democracias más industrializadas) reveló algo que ya se venía sospechando: el aislamiento del gobierno de Estados Unidos y su renuncia al liderazgo mundial, sin que ningún país o poder se lo pidiera.

En ese encuentro, dos cuestiones fundamentales: el libre comercio y la política de freno al calentamiento global poniendo límites a las emisiones contaminantes, fueron rechazadas por Trump, aun cuando el gobierno anterior de Estados Unidos lo acordara positivamente.

Previamente en Bruselas, en la reunión de la OTAN, Trump se limitó a reclamar la aportación de los países al financiamiento de esa institución. Su vacío retórico sobre las responsabilidades geopolíticas de la alianza fue apabullante.

Sólo hubo consenso en el Grupo de los Siete en la lucha contra el terrorismo, a la que ningún país se opone por el daño que provoca.

Angela Merkel, canciller de Alemania, señaló ante la actitud de Trump: Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros, hasta cierto punto, han terminado. Es mi experiencia de estos últimos días . Y agregó: Los europeos tenemos que pelear por nuestro propio destino . Con esto, la canciller ponía en claro que Europa no puede contar con Estados Unidos ni con el Reino Unido.

Esta amarga experiencia contrasta con el entusiasmo y complicidad asumida por Trump con el rey Salman, de Arabia Saudita, y otros autócratas, en sus encuentros previos a la reunión del Grupo de los Siete y de la OTAN. Sucumbió al halago de los saudíes que, en medio de la danza de los sables, lo convencieron de crear una OTAN árabe, aislando a Irán, una potencia regional. De darse, significaría más conflictos y menos iniciativas de paz.

Con estas complicaciones es comprensible lo que dijo el primer ministro de Italia, Paolo Gentiloni: No hubo ninguna mención a Latinoamérica. Ni siquiera en el capítulo comercial . Con grandes dificultades se logró en la declaración final señalar en materia comercial combatir las prácticas injustas .

No sabemos el final del contencioso legal de Trump por la trama rusa que lo puede conducir a su destitución, máxime cuando el exdirector de la CIA, John Brennan, afirmó que hubo intervención rusa en la campaña electoral y hay indicios sobre complicidades del equipo de Trump con el gobierno de Putin.

Mientras tanto, Trump seguirá sorprendiendo a todos por su ignorancia, ineptitud e imprudencia, Esto último lo pudo asegurar en carne propia el primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, que recibió un brusco empujón de Trump, quien en un evento de la OTAN quería estar físicamente en primer plano. Es la versión pedestre del America First.

El liderazgo vacante lo están ocupando Angela Merkel, figura notable de la política europea, y Emmanuel Macron, presidente de Francia, un liberal, europeísta convencido que pretende profundizar en el proyecto comunitario para neutralizar las pretensiones nacionalistas y proteccionistas que han surgido en Europa y Estados Unidos.

A diferencia de Trump que está agradecido del apoyo ruso a su campaña electoral, Macron le reclamó a Putin hace unos días su intervención en las recientes elecciones en Francia, con propaganda y elogiando a Marine Le Pen, hechos que afectan las relaciones entre los dos países.

Cambian los protagonistas y se ventilan las diferencias. Con Merkel y Macron llega una visión de eficacia y cosmopolitismo, frente al nacionalismo ramplón de Trump y las ambigüedades de Theresa May. También es la ruptura al inmovilismo.