Está por iniciar una nueva dirigencia en la Organización Mundial de Comercio, en donde al parecer su mayor reto sigue siendo promover el libre intercambio de bienes entre las diferentes economías del mundo.

Después de ver los casos de éxito de China e India, uno no puede hacer menos que preguntarse qué más necesitan los todavía escépticos para convencerse de las bondades del libre comercio.

No resulta extraño encontrar que detrás de toda oposición al libre comercio existe un conflicto político, relacionado con el liderazgo de un dictador o un dirigente que sueña con llegar a serlo y perpetuarse en el liderazgo, como en los buenos tiempos.

También hay que aceptar que detrás de muchos de los defensores del libre comercio existen espacios oscuros, en donde la protección y los subsidios siguen siendo políticas que se utilizan para mitigar el enojo de algunos sectores y actividades por la apertura comercial.

En México, siguiendo una añeja tradición, tenemos de todo un poco, con actividades subsidiadas que nada más no levantan vuelo, otras muy protegidas que tampoco repuntan y otras más que año con año gastan una considerable cantidad de recursos en cabildeo, para ver si por fin la autoridad les cierra la frontera o por lo menos impone aranceles más altos que los hagan recuperar competitividad por arte de magia.

Esta variedad de agentes y actividades que no se incorporan al libre comercio, dentro de una economía que presume su apertura comercial, frena en parte las nuevas inversiones y el empleo, por lo que persisten enormes desigualdades regionales en términos de desarrollo y de marginación, destacando fuertemente las actividades agropecuarias, especialmente en los lugares en donde predomina la propiedad rural.

Ahí es en donde se concentran los programas de combate a la pobreza y es en donde también se presentan los mayores casos de injusticia, corrupción y falta de incentivos para cambiar de rumbo y dirigirse a otro modelo de producción y desarrollo.

La fuerte presencia de actividades protegidas por la Constitución como monopolios aceptados, todos bajo el esquema de organismos gubernamentales, es otro de los obstáculos en donde urge buscar la manera de abrirlos, para que fluya la inversión, pero sobre todo para que dichas actividades se conduzcan con nuevas mentalidad y visión.

Esto, de pasada, podría servir de incentivo para que muchas actividades privadas, con dominio del mercado, empiecen a abrirse.

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