De nueva cuenta nuestro país cayó en el ordenamiento mundial de libertad económica, entre otros, por los problemas derivados de la inseguridad, tanto la provocada por la actividad de los delincuentes, como por la falta de garantías para los diversos agentes económicos, que se deriva de la estrategia de ataque al crimen seguida por el gobierno. A esto sumamos algunas trabas al libre comercio, que se han ido estableciendo como resultado del cabildeo de algunos grupos privados y otras que resultan de la actividad propia de las burocracias, cuyo fin último es perpetuarse en el presupuesto, a costa de trámites, regulaciones y formatos, absurdos todos, que implican elevados costos de transacción para la sociedad y las empresas.

Por estos días es común encontrarse en algunos estados con nuevas ideas burocráticas, derivadas de la eliminación del impuesto a la Tenencia de vehículos. Una idea genial es obligar a todo aquel que conduzca un vehículo a que cambie y renueve sus placas y derechos vehiculares, trámite que se complementa perfectamente con la obligación para verificar la emisión de contaminantes de los motores de los vehículos. Si todo fuera como desperdiciar tiempo en largas filas de espera, pagar derechos absurdos e irse a casa a buscar algo mejor que hacer, todo estaría genial; el problema es que cada vez son más los documentos que se exigen, en original y copia. Horas desperdiciadas ante diversas ventanillas, gastos en obtener documentos, copias, certificados de autenticidad y demás, para que a la hora de la verdad no sirva para nada.

Cualquier persona pensaría que gracias a estas actividades renovadoras, repetidas cada vez con mayor frecuencia, los registros públicos en la materia están actualizados y completos, pero no es ése el caso. Todo es cosa de hacer otro trámite ante otra autoridad, por ejemplo una denuncia de robo ante un Ministerio Público, para descubrir algunos aspectos bizarros. Primero: que entre autoridades no se hablan. Los registros, clasificación y sistemas de manejo son totalmente incompatibles entre uno y otro. Segundo, al acudir ante quien debe tener los registros al día, encontramos que todos los documentos y copias entregadas están en cajas, en completo desorden. Nuevamente hay que obtener originales, copias, certificaciones y pagar derechos, de otra manera no hay autoridad que funcione. Es una verdadera maravilla la burocracia mexicana, sin expectativas para que las cosas cambien para bien, de ahí nuestro triste desempeño.

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