La victoria de Emmanuel Macron es una ventana de oportunidad para Europa, no el paseo bajo el Arco del Triunfo, dice la analista Andrea Rizzi

El triunfo de Emmanuel Macron el pasado domingo en Francia fue muy importante para el mundo y -como una derivada- para México.

Para el mundo y en especial para Trump, Putin y otros atizadores del fuego del populismo, el mensaje fue que ya han abusado demasiado de la candidez de los pueblos y que hay políticos jóvenes e independientes que están desnudando las falacias del discurso político populista, descubriendo demasiada grasa, narcisismo y locura autoritaria.

Resulta inconcebible que el Frente Nacional de Le Pen haya llegado a ser un contendiente en la segunda vuelta electoral, siendo el más detestable por su xenofobia, nacionalismo, racismo y heredero directo del gobierno de Vichy, símbolo repugnante del nazismo en Francia. Con este cinismo se atrevió a proponer la ruptura con la Unión Europea, el proyecto político más importante de la segunda mitad del siglo pasado y del actual, que ha permitido la paz europea y políticas comunes para la congruencia económica, los derechos humanos y la fraternidad.

La derrota de Le Pen, alineada con Trump y Putin, fue un parón a la arrogancia populista en Francia. Y tiene tangencias con la mediocre gestión de los primeros 100 días del gobierno del magnate republicano, la derrota de los candidatos populistas en las recientes elecciones en Holanda y Austria, las complicaciones del Brexit, la no salida de Grecia en el euro, ni repunte del partido pronazi en Alemania.

Por contra, el triunfo de Macron se explica porque fue un candidato técnicamente capaz y políticamente claro, sin partido y sin las mañas de los expertos. Centrista con ideas, liberal, en favor de la globalización, proeuropeo, un pragmático que hará reformas. Rompe con el naufragio político de su país en donde los políticos sostenían que todas las opciones eran iguales.

Macron ganó las dos vueltas electorales. Ahora viene la tercera para crear una mayoría parlamentaria, o tendrá que gobernar en cohabitación, con fuerzas que intentarán neutralizarlo. Por ello, dijo la sagaz analista Andrea Rizzi, en una lúcida metáfora: Perseo ganó, pero Medusa no ha muerto (...) La victoria de Macron es una ventana de oportunidad para Europa, no el paseo bajo el Arco del Triunfo .

Con Macron, Francia continuará siendo el país con libertad política y económica, con la fraternidad con los pueblos y sus ciudadanos, con desigualdades como todo el mundo, pero con la intención de reducirlas con justicia social.

Ante la actual debilidad de los sistemas ideológicos, erosionados por la falta de legitimidad de gestión de las élites y los gobiernos, la llegada de Macron representa el triunfo del pragmatismo con lo mejor de la izquierda y de la derecha, sin los extremismos que sólo plantean utopías y hacen que sus líderes sean unos vividores, como es el caso de la extrema izquierda francesa que le negó el apoyo a Macron y una parte de ella votó en favor de la extrema derecha.

Para México, la experiencia francesa de sus elecciones recientes es valiosa, entre otras razones porque el sistema electoral francés permite que por las dos vueltas electorales se logre la gobernabilidad. Macron en la primera vuelta obtuvo 24% y en la segunda, 65 por ciento.

Otra lección es la que los candidatos independientes, que surgen para diferenciarse de los partidos convencionales, tienen éxito si sus propuestas son consistentes y viables financieramente.