Una de las formas más relevantes de la libertad es, sin duda, la libertad de expresión, porque le da cauce a la democracia. En un marco de libertades, el valor social de los medios de comunicación es indiscutiblemente de gran relevancia, informando oportunamente, revelando lo que se pretende ocultar y señalando la verdad de los hechos.

Con el ejercicio de la libertad de expresión, se enriquece la conversación pública y se impulsa la participación ciudadana. En el México de hoy, existe una amplia diversidad de voces y posturas sobre la agenda pública y, sin embargo, el ejercicio de opinar, disentir y cuestionar libremente aún presenta claras adversidades.

Los medios de comunicación y los periodistas deben enfrentar cotidianos desafíos para ejercer plenamente la libertad de expresión, ante los esfuerzos para el sometimiento y el control de la información por parte de las distintas esferas del poder público.

Por un lado, la práctica de la “compra de silencio” pretende someter al periodismo de investigación, al igual que sucede desde hace varias décadas. Y, por el otro lado, los periodistas en nuestro país son víctimas de una creciente ola de violencia. Entre los ataques del poder público y las balas de la delincuencia, deben sobrevivir muchos comunicadores, para cumplir con su función social. En este contexto de problemas estructurales que afectan a los medios de comunicación, es fundamental que defendamos la libertad de expresión y la libertad de prensa en todas sus formas. Son los baluartes que deben prevalecer ante el conjunto de desafíos que conllevan los cambios políticos, como el que actualmente ocurre.

Como en toda sociedad de libertades, se tienen que romper con los monopolios de la palabra y profundizar en los problemas reales de relevancia nacional, como la falta de crecimiento económico, la desigualdad social, así como la inseguridad y la corrupción.

Igualmente, la libertad de prensa se vulnera en la actualidad, cuando cotidianamente se estigmatiza a los representantes de los medios de comunicación, que no comparten la línea editorial que se pretende impulsar desde los gobiernos en turno. Peor aún, cuando se trata de un comportamiento que se traslada a las discusiones públicas, polarizando gravemente a la sociedad. En el México democrático de hoy, no debe promoverse la intolerancia y se debe rechazar cualquier intento de censura frente a las libertades.

Estos hechos se tornan más desafiantes, en un contexto marcado por la inmediatez de la información, donde el despliegue de grandes cantidades de datos, ideas y opiniones obliga a la prensa a construir líneas de información con oportunidad, veracidad y confiabilidad; en un entorno económico francamente complejo para periodistas y los medios de comunicación.

Además, hoy la tendencia global es la de compartir masivamente la información —muchas veces sin pagar las regalías correspondientes—, afectando los ingresos y las capacidades de los medios y plataformas informativas para elaborar contenidos de calidad.

De esta forma, la mezcla entre desafíos coyunturales y estructurales está comprometiendo el ejercicio de la libertad de expresión en México.Por su parte, el papel de los ciudadanos en el ciclo de la información es cada vez más activo, pasando de ser simples receptores —y ahora dispersores de información—, a ejercer, a partir de ella, una ciudadanía participativa y comprometida.

Para que los medios de comunicación puedan seguir desempeñando su función social, los ciudadanos debemos involucrarnos más, seleccionando mejor la calidad de la información que consumimos y replicamos entre allegados, evitando difundir noticias falsas o fake news, que únicamente contaminan la conversación pública.

Con ello, entre todos, podremos preservar estas libertades y la solidez de nuestra democracia.

*Presidente Nacional de Coparmex.