Vivimos en un mundo cada día más polarizado que, lejos de moverse hacia el centro, se mueve hacia los extremos. El descontento de millones de seres humanos derivado de los excesos, abusos, mentiras y corrupción de un sistema sostenido en el ego, ha encontrado su cauce en líderes nocivos que ponen en riesgo la estabilidad y la paz a nivel local y global.

Hace unos días se cumplieron 100 años del nacimiento de Nelson Mandela. Durante la celebración en Sudáfrica, el expresidente Barack Obama dio un mensaje que debería hacer eco en cada uno y animarnos a ver este momento con más esperanza que miedo.

Fue precisamente la libertad una de las causas más grandes de Mandela. Esa libertad que hoy está fuertemente amenazada por una ola de populismos y nacionalismos; de gobiernos que, a pesar de conquistar el poder en las urnas por la “vía democrática”, cada día se vuelven más autoritarios porque su apetito por el control y la imposición no tiene límites.

Mandela salió de la cárcel, apenas unos meses después de que cayera el muro de Berlín. Su libertad, la misma que conquistaron millones tras el derrumbe del imperio soviético fue y es tan frágil, que hoy el péndulo moviéndose de nuevo a un extremo, amenaza con arrebatárnosla. México no es la excepción.

Durante el homenaje a Madiba, Barack Obama advirtió sobre la política del miedo, del resentimiento, del “hombre fuerte” aquel que, desde el poder, trata de socavar todas las instituciones. Advirtió sobre las amenazas a la libertad de expresión, la libertad de prensa, la censura y el control estatal de los medios, todo esto al alza en muchos países. México no está exento.

“Nadie, ni Obama ni Mandela, es totalmente inmune a la capacidad de corrupción del poder absoluto, cuando puede hacer todo lo que quiere y los que le rodean tienen demasiado miedo para decirle que está cometiendo un error. Nadie es inmune a ese peligro”. ¿Casualidad?

Obama sugirió que, si de verdad queremos continuar el largo camino de Mandela hacia la libertad, tendremos que esforzarnos más y ser más inteligentes. De ahí que, ante la polarización que predomina, vale la pena recordar lo que decía Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona... La gente tiene que aprender a odiar, y si puede aprender a odiar, también puede aprender a amar, porque el amor es algo más consustancial al corazón humano”.

Obama retomó estas palabras y terminó diciendo: “Que ésta sea nuestra estrella polar, nuestra guía... de manera que, dentro de 100 años, las generaciones puedan recordar y decir: siguieron avanzando y, gracias a ellos, hoy vivimos con nuevas banderas de libertad”. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos. Valdrá la pena.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.