Ronald Coase, premio Nobel, fue uno los más importantes economistas del siglo XX. Hace 80 años elaboró un análisis sobre la teoría de la empresa, que con el tiempo se convertiría en el fundamento de la economía institucional moderna.

Destacaba Coase que la teoría neoclásica, a partir de la cual se desarrolló el análisis microeconómico, tenía como fundamento la idea de la competencia perfecta. Ésta se caracteriza, de modo general, por la existencia de un gran número de agentes concurrentes a los mercados (compradores y vendedores), por la inexistencia de barreras a la entrada y por el acceso de los agentes económicos a información perfecta, entre otros elementos.

Sin negar la importancia de los postulados neoclásicos, Coase encontró que eran poco satisfactorios para explicar el origen y el comportamiento de la empresa y, con ello, también lo eran para caracterizar la operación de los mercados. Coase estableció que era necesario considerar cierto tipo de costos, los costos de transacción, que hasta ese momento no se empleaban por los economistas, para entender que acceder a los mercados y hacer uso del mecanismo de precios no estaba exento de inconvenientes. También mencionó que el sistema económico se ve afectado por la calidad de los derechos de propiedad, que determinan la capacidad de los agentes económicos para apropiarse de los beneficios que genera la explotación de sus activos.

Los postulados de este pensador se condensan en el llamado Teorema de Coase, que fundamentalmente estipula que, si los costos de transacción son bajos y los derechos de propiedad están perfectamente definidos y son exigibles, los agentes económicos, por la vía del mercado, podrán resolver problemas económicos complejos, como la contaminación.

Lo anterior viene a colación por los hechos que se han suscitado a raíz de la elevación de los precios de los combustibles, que resultan de la liberalización de los precios de las gasolinas y el gas LP. Desde hace más de una semana se vive una situación sin precedentes, que combina actos de protesta legítimos con acciones de abierta ilegalidad, probablemente estimulados por grupos de origen no identificado.

La competencia económica es buena porque permite a los consumidores acceder a bienes y servicios a precios más bajos, fomenta la innovación, permite la mejora de la calidad y estimula la inversión. Sin embargo, la operación eficiente de los mercados pasa, de manera irremediable, por el cumplimiento de las condiciones que fueron estudiadas por Coase.

Efectivamente, no puede haber un uso eficiente de los mecanismos de mercado cuando los agentes económicos tienen que enfrentar obstáculos para realizar transacciones que no se presentan en otros países. Pensemos en el transporte de mercancías, dislocado por los bloqueos, no de ahora, sino de mucho tiempo atrás. Estos bloqueos representan incrementos de costos e impiden el funcionamiento eficiente de las cadenas productivas.

Pero tampoco puede haber un funcionamiento adecuado de los mercados cuando se incumple con el Estado de Derecho; cuando hay actos de rapiña sin sancionar; cuando las empresas y los ciudadanos son extorsionados; cuando las empresas no tienen un entorno más o menos predecible para desarrollar sus planes de negocios.

Los procesos de liberalización económica que se viven no van a dar los resultados deseados si las instituciones, que abarcan al Estado, las leyes, los partidos políticos, pero también los organismos privados y de la sociedad civil e incluso la cultura, no se alinean para dar cumplimiento al Estado de Derecho. La situación tampoco será mejor si no se resuelven aquellas circunstancias que impiden la reducción de los costos de operación del sistema económico.

El principal enemigo de México no es Trump, sino el rezago institucional que amenaza las reformas estructurales. Las empresas se irán de México no por los chantajes del próximo presidente de los EU, sino por la incapacidad para generar condiciones para retenerlas.

*Ex-Comisionado de la COFECE y profesor universitario.