Los priístas están cerca de lograr una mayoría en el Senado.

El Partido Acción Nacional (PAN)ahora sí podrá comportarse como oposición, porque está a punto de serlo. No como en muchas ocasiones en las que parecía no entender que era el partido del Presidente.

Pueden asumir la posición de poder que tantas veces les aplicaron los priístas ,que con su largo colmillo, manejaron los planes de gobierno panistas desde sus curules y escaños.

Mientras no asuman la nueva posición de poder que tienen, seguirá habiendo diputados priístas que amenacen con mandar a la congeladora leyes como la laboral. Si lo hacen, le dan un palo en la cara al gobierno que viene, que es de filiación priísta.

Pero más allá de la desfachatez de esos viejos priístas que defienden la opacidad sindical que tanto les ha redituado a sus causas personalísimas, hay otros legisladores que tienen la obligación de hacer valer sus puntos de vista. Total, ganará el que logre la mayoría.

Y la realidad es que los priístas, y los partidos satélite que le acompañan, están muy cerca de lograr una mayoría en la Cámara de Senadores.

Saben cómo hacerlo. En la comisión correspondiente en la Cámara de Diputados no pasó la transparencia sindical por el voto en contra de un diputado del Partido del Trabajo.

Además de que enfrente, lo que se tenía que dar es la nada fácil tarea de juntar el agua y el aceite del panismo y el perredismo. Además de que tendrían que acudir todos los legisladores a trabajar y eso es mucho más difícil.

No hay que confundir la transición de terciopelo que protagonizan el blanquiazul Calderón y el tricolor Peña, con lo que sucede en el Poder Legislativo. Basta con pasar lista a los diputados y senadores que conforman la actual Legislatura, para ver que la relación no puede ser sencilla.

El paquete de cambios a la ley secundaria que regula el apartado A del Artículo 123 constitucional en materia laboral, lo hemos dicho, es mediocre desde su origen. Al gobierno del presidente Calderón le faltó ambición, le sobró cálculo político o de plano le dio miedo fracasar otra vez en el intento de lograr la aprobación de una ley.

Tienen un punto a su favor los priístas cuando argumentan que: si lo que quería el gobierno de Felipe Calderón era cambiar las reglas del juego sindical, por ser organizaciones habitualmente opacas, corruptas y arbitrarias, entonces debió mandar una iniciativa para cambiar la Constitución.

Cierto es que en ese caso no aplicaba la reforma preferente, pero entonces vale la pena preguntar, ¿qué quería el gobierno que se va: cambiar el lastre laboral que aqueja a este país o estrenar con buenos resultados la iniciativa preferente?

Si el PRI quiere que sus senadores sean simplemente una oficialía de partes para pasar con los ojos cerrados lo que aprobaron los diputados, adelante. Eso se llama línea y son expertos en el tema. Pero eso es su problema. Si el PAN o el PRD consideran que en su carácter de cámara revisora el Senado debe modificar la minuta, pues entonces que lo hagan.

¿Quién pierde con la ausencia de una reforma laboral y sindical? La respuesta inmediata y correcta es: los trabajadores, el país, la posibilidad de crecer y generar empleos.

Pero así como Fox y Calderón no pudieron conseguir muchas de sus metas por la pata legislativa que les metieron sus opositores durante estos doce años, así el principal afectado político es el gobierno de Enrique Peña Nieto.

De entrada, la carta altanera del octogenario (¿o nonagenario?) líder de la CTM, Joaquín Gamboa Pascoe, a quien más afecta es al gobierno que está por entrar. Indica dónde está el poder y quién manda en este país cuando hablamos de la vieja forma del PRI de hacer las cosas.

El PAN debe llegar hasta sus últimas consecuencias con la reforma a la ley laboral. Al menos dentro de las limitadas posibilidades que le permite la minuta enviada por los diputados.El problema es lo inestable del socio panista en esta tarea. El perredismo vive en la bipolaridad de un presidente del PRD que asegura querer cambiar la imagen de partido belicoso; al tiempo que el coordinador de la bancada amarilla amenaza al gobierno entrante con no ser amigables en la toma de protesta si no obtenían poder y presupuesto suficientes en las comisiones legislativas.

Más allá de lo que pueda ocurrir con las modificaciones en materia laboral, lo que aquí y ahora se construye es la base de una relación de poderes y partidos. Esta es la oportunidad de la oposición de mostrarse como una fuerza de equilibrio. No como porros tomadores de la tribuna, ni como tapetes de los que pueden pensar que regresan al poder como si viviéramos en los setentas.

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