Con varios e interesantes eventos se ha celebrado el vigésimo aniversario del TLCAN, suscrito por México, Estados Unidos y Canadá, vigente desde 1994.

Académicos, funcionarios presentes y pasados han coincidido sobre la trascendencia histórica del acuerdo y del cambio de modelo económico que supuso. Además del crecimiento del comercio, la inversión y la integración económica de la región, destacan dos efectos. En primer lugar, haber aprovechado nuestra inequívoca ubicación geográfica y natural pertenencia a América del Norte. Segundo, haber modificado nuestro paradigma nacionalista y proteccionista para someternos a una dinámica de reglas compartidas, cuya observancia diera certeza a todas las partes.

En el extremo, la apertura comercial habría dado el empujón hacia la apertura y la alternancia políticas, que llegaron tiempo después. A pesar de ello, se critica el bajo crecimiento económico, insuficiente para sacar a la mitad de la población de la pobreza; no haber mejorado las condiciones de empleo y salarios en el país y hasta el desencanto con la democracia.

Desde luego, para hacer una valoración objetiva, habría que empezar por poner las cosas en contexto y revisar los resultados a la luz de las metas reales del acuerdo.

Pero algunas lecciones aplican hoy en día respecto de las reformas estructurales.

1. No sobreestimar expectativas. El TLC fue promocionado como la llave de acceso al primer mundo. Sin embargo, los acuerdos comerciales y las reformas constitucionales no son productos milagro, sino instrumentos del estado para alentar el desarrollo económico.

2. Completar la tarea. El esfuerzo modernizador paralelo a la negociación y ratificación del TLCAN (que incluyó la reforma al campo, la creación de la Comisión Federal de Competencia, la autonomía del banco central, el ingreso de México a la OCDE e incluso la Comisión de Derechos Humanos) fue seguido de una sequía legislativa. Con la llegada de los gobiernos divididos, las reformas estructurales complementarias se postergaron 15 años.

Hoy, las reformas constitucionales aprobadas son un hito histórico porque se dieron en un escenario de un gobierno dividido. Pero no darán frutos tangibles sin la legislación secundaria necesaria para su implementación.

3. Ordenar la casa. No habrá tratados ni reglas que suplan la ausencia de Estado de Derecho de este lado de la frontera. Mucho hemos avanzado en transparencia y rendición de cuentas, pero la inseguridad, la corrupción y la impunidad siguen amenazando con boicotear las mejores reformas.

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