Es difícil comprender cómo un país que hace apenas unas décadas tuvo un periodo de notable éxito económico, con un crecimiento promedio de 7.7%, hoy está sumergido en una de las peores crisis en su historia.

Mientras en una década Alemania occidental alcanzaba un crecimiento en su industria de 70%, Francia de 58% y Estados Unidos de 46%, el miracolo economico se hacía visible con un crecimiento de 102%, notablemente superior al de cualquier otro país en la Europa de la posguerra.

Por lo menos uno de cada cinco italianos decidió moverse de un sur relativamente pobre a un norte industrializado y próspero. Un entorno con mayor acceso a trabajo y oportunidades transformó y elevó la calidad de vida de millones de italianos.

¿Qué hizo posible ese milagro económico después de la posguerra? En resumen, se pusieron en práctica políticas que favorecieron la libertad. Desde el banco central se contuvo la inflación al menos durante 20 años y se logró que la lira fuera una de las monedas más estables.

Italia se introdujo en el comercio internacional con gran vigor a través del acceso a varios tratados de libre comercio, el gasto público se logró controlar de manera considerable y los impuestos se recortaron. Las políticas que favorecen la libertad han probado una y otra vez ser el camino más seguro a la prosperidad.

¿Qué pasó entonces? Como suele suceder en época de bonanza económica y prosperidad, los gobiernos se ven tentados a aumentar el gasto, redistribuir la riqueza e intervenir más en la vida económica.

Ése es el principio de una desgracia siempre mayor, pues da origen al estado de bienestar, el cual ha generado, entre otras causas, la quiebra europea.

El error de abandonar la disciplina fiscal se paga muy caro. Los italianos financiaron el gasto público con deuda en vez de atenerse a gastar responsablemente parte de lo que recaudaban y esto resultó fatal.

Además, se abusó de un exceso de regulación en el mercado laboral y en el gasto de las pensiones.

Cuando la pirámide se invierte y la carga de las pensiones rebasa la de la fuerza productiva, como ha ocurrido en Italia, no se puede mantener una política económica tan irresponsable, pues la economía termina quebrando.

Cualquier indicador que pueda remontarnos a este escenario deberá ser siempre señal de alerta. Más vale prevenir que lamentar.

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