Qué rápido pasamos de la unidad, la empatía y la solidaridad tras el terremoto del 19 de septiembre a la división, la descalificación y el coraje. Le estamos haciendo muy bien el juego a los políticos. Su estrategia divide y vencerás está funcionando a menos de cinco meses de una reñida elección en la que todo indica un desenlace muy claro: unos cuantos volverán a ganar para que la mayoría de los mexicanos perdamos. No importa qué coalición se lleve la presidencia.

¿Hasta cuándo vamos a permitir una farsa de simulación perpetua en la que, a falta de valentía y mayor organización civil, nos tenemos que aguantar un mal circo donde los payasos ya no sólo se atacan entre ellos, pues ahora incluso se valen de descalificaciones mayores que salpican a los ciudadanos?

No podemos limitarnos a ser espectadores mientras hacemos cálculos de cuál podría ser la menos peor de las opciones o cómo aminorar el riesgo de una catástrofe que podría derivar en una espiral negativa de consecuencias impredecibles. Porque, ojo, es verdad que la ira de la que hablaba hace poco Antonio Sola ha crecido, y que la herencia de este gobierno es muy negativa en términos de impunidad, violencia y corrupción.

Lo que no podemos permitir es caer en un pesimismo desbordado por creer que todo está mal cuando en realidad, aunque muchas cosas no funcionan y necesitamos transformaciones profundas, no todo va por mal camino. La desilusión puede llevarnos a perder la perspectiva de lo que juntos, más allá de los gobiernos y sus partidos, hemos construido y avanzado como ciudadanos. Por cierto, siempre se puede estar mucho peor, aunque no parezca.

En su juego de palabras, los políticos nos salpican con calificativos que buscan fomentar una narrativa que confronte y polarice. Desde los “pirruris”, “pequeño burgués”, “fifí” y “blancos” de López Obrador hasta los “prietos” de Enrique Ochoa (sólo por mencionar algunos). Qué daño supone sugerir que los morenos son buenos y honestos y los blancos son privilegiados y malos.

La descalificación de cualquier grupo social por color de piel, ingreso o educación es absolutamente inaceptable. Si seguimos permitiendo que lo hagan en campaña, las consecuencias de darles más poder serían gravísimas, pues el lenguaje jamás es inocente.

No podemos seguir haciéndoles el juego aceptando que se burlen de tantas maneras. Si seguimos descalificándonos unos a otros y sintiéndonos tan distintos como nos quieren hacer creer, difícilmente vamos a poder construir y cocrear ese futuro que anhelamos y que, al seguirles el paso, simplemente posponemos.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.