Pocos países de América Latina incluyen una definición oficial de conexión de banda ancha.

Durante las pasadas semanas he ido publicando en este espacio algunas de las conclusiones más importantes de la revisión de las iniciativas de conectividad de 19 mercados de América Latina. Inicialmente me he enfocado en destacar las necesidades de inversión que existen en la región para viabilizar el crecimiento de los servicios de banda ancha en aquellas regiones que en la actualidad carecen del mismo. Además, utilizando como ejemplo los anuncios de despliegues de fibra óptica por parte de operadores privados se ha intentado destacar, como muchas veces, los montos incrementales de inversión no se traducen en expansión de la cobertura hacia sectores de bajo poder adquisitivo.

En esta ocasión, quisiera destacar algo que podría considerarse como un absurdo. Me refiero a que menos de una quinta parte de los países de América Latina incluyen en su regulación una definición oficial de lo que es una conexión de banda ancha. Como he mencionado en numerosas ocasiones, muchos de los países consideran como banda ancha una velocidad mínima de 256 kbps. Lo lamentable de este absurdo es que muchos de los países que utilizan esta definición son protagonistas de iniciativas de brindar dispositivos gratuitos a los estudiantes de escuelas públicas para que éstos puedan tomar ventaja de todos los contenidos pedagógicos que ofrece Internet.

Pienso que muy pocas personas pueden llegar a considerar esa iniciativa como absurda. Lo que es lamentablemente absurdo es la poca coordinación que muchas veces existe para concretar una implementación exitosa de servicios de banda ancha que permitan fomentar el teletrabajo, la teleeducación y la telesalud. Por un lado, nos encontramos con escuelas que han recibido una conexión a banda ancha que les puede garantizar velocidades sobre la definición generalizada de 256 kbps, pero que la misma no es suficientemente robusta para poder conectar a Internet de forma simultánea a 20 o 30 estudiantes.

Pero imaginemos que todas las conexiones nos brindan una velocidad real de 512 kbps en telecentros y escuelas. De acuerdo a un reciente artículo publicado en el blog del Banco Mundial, con esta velocidad el usuario tardaría 10.4 segundos en descargar un documento de 1 MB de tamaño, unos 41.7 segundos en descargar un audio de 4 MB de tamaño y 17 horas con 47 minutos en descargar un video. Esta realidad contrasta con los datos que obtuvo Signals Telecom Group en su investigación y que muestran cifras desalentadoras sobre el alcance de la gran mayoría de los planes de conectividad latinoamericanos: sólo 26% de los mismos contemplan la promoción del teletrabajo, 32% incluye esfuerzos de telesalud y apenas 37% fomenta la teleeducación.

Si nos centramos en el tema de la teleeducación el primer gran obstáculo que enfrentan los gobiernos es costear una inversión en desarrollo de contenidos y habilitación de plataformas educativas. Afortunadamente en las pasadas semanas se han anunciado dos iniciativas privadas muy importantes que van dirigidas a subsanar esta deficiencia. La primera es el anuncio de la Fundación Carlos Slim de que estarían traduciendo al español los videos pedagógicos del Khan Academy. El otro desarrollo importante es el lanzamiento de Miríada X, una iniciativa impulsada por entidades como Telefónica y Santander para viabilizar la oferta de cursos on line masivos (conocidos como MOOC en inglés) por parte de las 1,232 instituciones universitarias que participan en la red Universia.

Ambas iniciativas tienen como objetivo final dar un mayor número de herramientas de aprendizaje a estudiantes hispanoparlantes, pues incrementa exponencialmente el número de materias a las que pueden tener acceso. El mayor obstáculo que estas dos iniciativas enfrentan es nuevamente la baja velocidad de Internet que existe principalmente fuera de zonas urbanas. Si nos basamos en los estimados de descarga publicados en el blog del Banco Mundial nos encontramos que para que un estudiante pueda ver un total de una hora de video a la semana en cualquiera de estas dos plataformas, tendría que estar entre ocho y 10 horas bajando el archivo. El resultado es que muy pocos individuos cuentan con el tiempo disponible para acceder a estos cursos.

El mensaje que deseo transmitir es sencillo: es necesario la implementación de un plan nacional de banda ancha en México, pero el mismo tiene que considerar que brindar acceso es sólo el primer paso. El rol de la velocidad de acceso es sumamente importante para que la población pueda beneficiarse del uso de aplicaciones avanzadas (léase pesados y de largo tiempo de descarga). De lo contrario, se corre el riesgo de invertir miles de millones de dólares para habilitar una enorme plataforma de e-mail.

*José F. Otero es presidente de Signals Telecom Group

Twitter: @Jose_F_Otero