Todo es posible, pero sería el colmo que desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se atrevieran a reclamar al Banco de México en caso de que decida no bajar su tasa de interés de referencia más allá de un cuarto de punto.

Visto con simpleza, la inflación está en el nivel objetivo y la economía está estancada. Habría, pues, condiciones para que la autoridad monetaria recortara con más determinación el costo del dinero para tratar de apuntalar un poco la alicaída actividad económica.

Pero están todos esos otros factores, como la confianza, que tienen mucho que ver con las decisiones que toman los banqueros centrales, que van más allá de sumas y restas.

¿Cuánto están dispuestos a aceptar como premio los capitales para mantenerse en pesos ante el escenario de incertidumbre económica y financiera que ha creado el propio gobierno federal?

Y no tanto por las caricias a Evo o los jaloneos en el Senado. Puede llegar a importar a algunos participantes de los mercados que México se identifique con cierto tipo de gobiernos de América Latina o que haya quedado claro que el Poder Legislativo no tiene independencia y que cumple las órdenes presidenciales al precio que sea. Pero lo que realmente pesa es que el estancamiento económico es autoinfringido y puede ser antesala de un desorden financiero.

Ya vimos en estos días cómo la moneda mexicana es altamente vulnerable ante los impactos externos. A pesar de que el presidente López Obrador presume la estabilidad del peso como un logro de su gobierno, la realidad es que la moneda es un frágil pararrayos de muchos hechos globales.

Una baja de medio punto porcentual en la tasa de referencia y un tono dovish de los banqueros centrales mexicanos en su comunicado serían garantía de una depreciación adicional a la que hemos visto durante este último par de días. Hay que pagar, desafortunadamente, el riesgo mayor que hoy implica la economía mexicana y la posibilidad cada vez más real de perder el grado de inversión como consecuencia de las malas decisiones económicas internas.

Si bien el Banco de México no tiene una cotización cambiaria objetivo, tampoco puede permitir que una depreciación acelerada acabe por afectar los niveles inflacionarios y de paso la actividad económica y hasta las finanzas públicas.

Mientras el banco central mexicano conserve su autonomía, la Junta de Gobierno deberá defender criterios que nada tengan que ver con la urgencia de la 4T de conseguir algo de crecimiento a cualquier precio. Ante lo que hemos visto, podríamos ver una votación dividida en su determinación del nivel de la tasa de interés.

Ya veremos qué deciden aquellos que tienen voto dentro del Banco de México respecto al premio que habrá de pagarse por quedarse en pesos. Pero lo deseable es que en estos tiempos en los que se ven decisiones inverosímiles desde el apabullante poder de la 4T, ojalá que la cordura se mantenga intacta al interior del autónomo banco central mexicano.

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Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.