Las batallas por los temas energético y hacendario tendrán que esperar.

Este 2013 está considerado como el año de las reformas. Así lo prometió el gobierno entrante y así lo dictan los usos y costumbres de la política mexicana: lo que no se logre durante el primer año de gobierno, difícilmente se consigue más adelante.

Y son tantas las cosas que se tienen que hacer en este país que sería necesario trabajar todo el año y casi sin descanso en el Congreso para conseguir las modificaciones legales necesarias.

Sin embargo, a pesar de la buena voluntad que todos dicen tener, en México hay que hablar de las reformas posibles, no de las reformas necesarias.

Para este periodo ordinario de sesiones en curso se espera que los legisladores discutan una reforma en materia de telecomunicaciones, que si bien es menos famosa que las modificaciones en materia fiscal o energética, resulta de enorme trascendencia por el dinamismo y potencial de este sector, aunque no será nada sencilla.

Pero es un hecho que las batallas legislativas estelares, la máscara contra cabellera de la discusión entre Ejecutivo y Legislativo por los temas energético y hacendario, habrán de esperar hasta la segunda mitad del año.

Así es que a todos los amantes del complot que creen que el gobierno federal ordenó la renuncia de Benedicto XVI para crear una cortina de humo y aprobar en la distracción un aumento de impuestos les decimos que será hasta septiembre cuando los dos temas estructurales se discutan.

Había quien opinaba que lo más conveniente era lanzar ya las iniciativas en materia energética y hacendaria, antes de que se acabara de desgastar el Pacto por México. Sin embargo, no se trata de cuidarse de los estados de ánimo de los políticos, sino de hacer que las cuentas cuadren de manera perfecta.

No es posible hacer ahora una reforma energética que toque el régimen fiscal de Petróleos Mexicanos sin hacer al mismo tiempo una reforma fiscal que cubra el boquete en los ingresos que dejaría el frenar la explotación irracional de la renta petrolera.

Porque si se hace una modificación al sector energético sin tocar la parte de los recursos disponibles para la empresa petrolera, sería simplemente un parche más.

Y la reforma fiscal debe quedar lista a tiempo para influir en el presupuesto, porque si se modifica el marco tributario y la manera de gastar, habría necesidad de alterar dramáticamente la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de este año, algo que no es posible.

Por lo tanto, el tiempo exacto para hacer las reformas energética y hacendaria es justo antes de discutir el Presupuesto del próximo año, para que el paquete económico del 2014 sume los recursos adicionales de las modificaciones fiscales y reste los recursos que se supone habrán de dejarle a Pemex para su desarrollo.

Ahora es un hecho que los tiempos son esos. Lo que no se garantiza son los resultados. Por lo tanto, lo que habrá de ocurrir es que se presenten dos alternativas de paquete económico para el 2014. Uno considerando las reformas y otro por si no pasa nada.

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