El 17 de marzo, desde el extranjero y entre reunión y reunión, pude seguir un fenómeno nuevo en las campañas políticas pero entendible y hasta previsible. Ya en otra ocasión afirmé: Las redes sociales son el espacio más puro de expresión ciudadana, pero también el espacio ideal para las mentiras, los rumores y las calumnias debido a lo viral, lo económico, lo inmediato y lo masivo ; lo que no imaginé es que la víctima sería yo. Resulta que algún ocurrente, con inocencia o malicia, robó una fotografía de un portal de Internet y la pegó en una supuesta credencial de un partido político; la credencial tenía fallas evidentes como no registrar mi nombre de manera correcta, pero sirvió para que muchos internautas trataran de matar al mensajero para descalificar las encuestas que mi empresa difunde. El concepto no es nuevo, cuando un equipo no puede desmentir algo, ataca la credibilidad del mensajero, si le restan credibilidad, apuestan por que el mensaje sea borrado.

Lo que pasó fue que en unos minutos, mis seguidores en Twitter crecen en más de 1,000, mi nombre se vuelve trending topic y aparece en las páginas de inicio de los usuarios de esa red; me hablan de varias agencias de noticias buscando confirmación, aparecen comentarios en portales de noticias y me empiezan a llegar mensajes de Internet, la nota se reproduce en blogs y Facebook, y todo por la ocurrencia de un ciudadano que me vuelve tema de interés, además, otros internautas, aprovechando la ocurrencia, usan la misma credencial para poner la foto de un diputado, de un candidato presidencial o de otros ciudadanos. El periodista José Cárdenas (@josecardenas1) informa de la falsedad de la imagen y al día siguiente temprano confirmó el desmentido; ya con la evidencia de la falsedad, el ataque se convirtió en broma; inventan chistes sobre mis credenciales del Ku-Klux-Klan, del partido republicano, del Insen, las FARC y otras instituciones, al final viví un fin de semana muy divertido, aunque tal vez algunos intentaron que fuera de ataques. Algunos activistas eran agresivos, pero los entiendo como parte de las campañas políticas y esos ataques existen siempre, así que no son preocupantes, lo relevante es que fuera yo, un encuestador, y no un candidato o un integrantes de sus equipos, el atacado por las redes, y eso que apenas iniciamos.

Seguramente quienes mantienen como objetivo matar al mensajero si el mensaje no me gusta tratarán de usar el mismo método o incluso la misma credencial falsa, aunque mi esperanza es que después del 30 de marzo, ya en campaña, tendrán muchas cosas de qué ocuparse, al menos eso espero; mientras, seguiré preguntando a los ciudadanos sus preferencias.

Los tropiezos

Si algo hacen bien las redes es multiplicar los errores de los candidatos presidenciales; difícilmente veremos que lo hagan con los aciertos aunque sus seguidores lo intenten, pero cuando se equivocan surgen las redes sociales para ampliar su importancia, no es fácil saber si eso impactará en las preferencias, porque el ciudadano tiene muchos estímulos para decidirlas, pero al menos ayudan a que estos tropiezos sean conocidos. ¿Cuáles han sido los principales tropiezos?, por orden de registro ante el IFE:

a) Quadri de la Torre. Tal vez su único tropiezo fue antes de ser conocida su precandidatura. Es el retweet de una ofensa a López Obrador; intentó borrarla pero ya estaba circulando, después su presencia ha sido poca, esperaremos para verlo en campaña.

b) Peña Nieto. Su mayor error fue la serie de eventos que durante y después de la FIL de Guadalajara, cuando no pudo mencionar el título de tres libros; después tuvo otros errores, pero esos momentos del 2011 quedaron en el recuento de la campaña como los errores de la FIL.

c) López Obrador. Tal vez ha sido el más cuidado o el menos atacado. Su tropiezo es menor y consiste sólo en una declaración de estar cansado por recorrer todo el país en su movimiento. Los ataques sobre su salud o su edad trataron de hacerlo ver mal y aumentar la importancia de su dicho, aunque sin mucho éxito.

d) Vázquez Mota. Cuando durante meses parecía un camino lleno de éxitos, la racha se acabó en su toma de protesta. La imagen de un estadio vaciándose fue desastrosa, al grado de que su coordinador aceptó los errores y la misma candidata contó que éste había presentado su renuncia y ella misma la había rechazado; parecido a lo que pasó con la FIL de Peña Nieto, no todo terminó ese día, ya que una broma sobre la escuela fue utilizada para atacarla en las redes sociales.

Todos los tropiezos fueron tocados en las redes sociales, algunos con más éxito, pero persistieron los ataques. Esto corrobora que interesan y a veces informan más las campañas negativas que las promesas de los candidatos, aunque no estoy seguro de que si esa polarización se mantiene en la población politizada que usa Internet afecte el voto, eso lo sabremos hasta julio.

La importancia

Tanto lo que viví como el recuento de tropiezos sirven para entender que el modelo de comunicación que planteó la reforma electoral del 2007 hace más importante la presencia de un nuevo elemento: las redes sociales en Internet, cuya relevancia no se determina por los votos que genera, sino por los temas que impone a la agenda.

Hay una forma de hacer evidente su importancia: cada cuarto de guerra, cada grupo de contienda, tiene una silla más, un experto que participa cerca del candidato y se dedica justo a esas redes. Entienden que se trata de una campaña alterna, no por los votos, sino por los seguidores, los me gusta , los trending topic y hay modernos mapaches que ofrecen bots.