Prosiguen los meses de esta etapa surrealista de “vuelta a la normalidad” y de pandemia, cuyos números en México no bajan ni se toman las medidas adecuadas. En esta confusión muchas de las empresas han vuelto a operar, con un saldo de cerca de medio millón de empresas desaparecidas, 11 millones de empleos perdidos, dos millones formales, un inicio prometedor en agosto de 3% de recuperación con un efecto rebote de disminución del 1% de crecimiento al mes siguiente, de acuerdo a cifras del Inegi. 

El Banco Mundial y la OIT le han pedido a México una intervención extraordinaria de inyección de recursos de 3.5% del PIB, especialmente para las microempresas (que se calculan en alrededor de 5 millones y el 60% del PIB). Esta obsesión por el austericidio de AMLO (aunque depende de para qué, pues sus juguetes costarán al menos 4% del PIB con la escasa creación de 50,000 empleos temporales). AMLO sólo regaló 60,000 millones de pesos a empresas informales sin ningunas reglas de operación ni metas de mejora en la productividad (0.6% del PIB). Dentro del hábito de mentir de nuestro primer mandatario, solo comparables al de Trump, se ha negado reiteradamente a apoyar a las mipymes mexicanas, ha disminuido el presupuesto en salud pública en más de 30,000 millones de pesos, está matando lo poco que quedaba de estudio de la ciencia al recortar el estímulo a los investigadores de todas las universidades privadas; recortó los fideicomisos públicos (107) para atesorar cerca de 200,000 millones de pesos y ya demostró que no tiene vocación liberal, al menos en libertad de expresión, al maldecir a muchos periodistas en la mañanera, imponer multas infundadas a las revistas intelectuales más prestigiadas del país y obligar a renunciar a los principales reporteros de empresas privadas por su periodismo golpeador y mordaz. 

Si ya ha roto de facto con los empresarios, salvo la mafia del poder que prometió combatir y ahora es su principal aliada, AMLO se encuentra próximo a cavar su tumba económica para recuperar la economía y la población de la pandemia. Al pelearse formalmente con las empresas extranjeras dedicadas al sector energético –energías fósiles y sobretodo renovables- con ello está cerrando el último camino que le quedaba para lograr dar un respiro a nuestra golpeada economía. Con ello además está rompiendo su palabra de respetar la reforma energética e inicia un frente ante infinidad de inversionistas extranjeros, que le podrían además implicar millones de dólares en pérdidas en litigios internacionales. 

¿Qué pasa, es tonto, vive fuera de la realidad o posee la enfermedad del autosabotaje? En lo particular creo esto último. El problema es que se está llevando de calle a 130 millones de mexicanos. 

Y que no se confíe en mantener el poder en las próximas elecciones, pues las cadenas se rompen en la parte más débil, de las que sin duda forman parte la economía, la democracia y la salud pública en la que López Obrador no ha salido reprobado. Eso es mucho pero es poco. Parece más bien que se trate de un presidente con instintos colectivos suicidas y risas guasónicas. 

*El autor es Máster y Doctor en Derecho de la competencia. Profesor Investigador de la Facultad de Negocios de la Universidad De La Salle Bajío y de la Facultad de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Investigador Nivel I del SNI. Socio fundador de la consultora Improve México para asesorar a empresas en crisis. Doctorando en Negocios en el IESDE y autor del libro Dirección de empresas en crisis (en prensa).