Estamos en plena cuesta de enero, ya nos anunciaron los incrementos en los costos del Predial y las tenencias. Ya llegaron las cuentas de las fiestas navideñas y no falta el gasto extra para atender una de esas gripas que, por cierto, están tan extendidas en este inicio de año.

Todos estos incrementos los vamos a ver reflejados en la inflación de la pasada primera quincena de este mes de enero, la cual conoceremos hoy.

Cada estado tiene sus propios demonios inflacionarios de este inicio de año. Algunas entidades subieron de manera importante las tarifas del transporte público; otras repusieron el cobro de la Tenencia; algunos más se mandaron con el incremento en el impuesto Predial.

Ya sabemos cuáles son los incrementos fijos, como el precio de las gasolinas, el gas LP y la electricidad. También podemos esperar bajas en los precios de los productos turísticos por el final de la temporada alta. Más los altibajos de los productos del campo...

Pero la atención que hay sobre el dato inflacionario que hoy dará a conocer el INEGI es confirmar si el Índice Nacional de Precios al Consumidor realmente está marcando una tendencia a la baja que justifique el discurso del Banco de México de pensar en una baja en su tasa de interés de referencia en un futuro.

Los analistas privados estiman un dato inflacionario entre 0.28 y 0.32% para la quincena pasada, lo que confirmaría una tenencia decreciente de la inflación.

Pero la realidad es que la medición general de la inflación tiene el problema de considerar una gran canasta a la que pocos tienen acceso. Porque, cuando se hace una medición más acotada -por ejemplo, de los productos alimenticios-, la inflación es mucho más alta que la generalizada.

Un buen aliado de la baja de los precios de las últimas quincenas ha sido la telefonía, tanto celular como fija; por lo tanto, un colaborador de la baja inflacionaria ha resultado América Móvil y sus empresas Telcel y Telmex.

Pero el jitomate no baja porque el teléfono de la casa incluya llamadas a celular. Ni tampoco deja de subir la gasolina porque los minutos del plan Amigo sean más baratos.

Vale la pena ser más quisquillosos con las mediciones inflacionarias si es que la autoridad monetaria refrenda su cambio en el discurso y toma una postura expansiva.

En Estados Unidos, la Reserva Federal se la ha jugado con las tasas en cero y planes de liquidez a la par de una promesa de tasas en el piso por muchos años. Y aunque la creación de empleos sigue como un gran pendiente en ese país, al menos, los precios se mantienen bajos.

Europa tuvo presiones inflacionarias que ahora se ven controladas; incluso China ha contenido sus burbujas de precios.

México es un país atractivo para los capitales por su bajo nivel de riesgo-país y sus altas tasas de interés. Pero tanto dinero volátil es, sin duda, un reto a la estabilidad. Ahí sí conviene alinearse en el costo del dinero con el mundo.

Pero la inflación mexicana tiene distorsiones peligrosas, como los precios controlados de los combustibles y el efecto de la vocación exportadora de muchos productos del campo en el mercado local. Qué mejor ejemplo que el tomate.

LA PRIMERA PIEDRA

¿Me creería si le digo que en México bajó el precio de las gasolinas? Seguramente, no, si es que usted no vive en la franja fronteriza entre México y Estados Unidos.

Pero es un hecho: los precios de la gasolina del monopolio petrolero mexicano tienen que bajar de precio en la zona de la frontera por la sencilla razón de que, si no lo hacen, los automovilistas, simplemente, cruzan la frontera para llenar sus tanques con los combustibles más baratos de Estados Unidos.

No ha sido muy común en los últimos años que las gasolinas estén baratas en aquel país, pero ahora mismo, en Texas, por ejemplo, la gasolina está a 9 pesos por litro; por eso no le quedó más remedio a Pemex que vender la Magna en 9.91 y la Premium, en 10.84.

Esto, además del beneficio para los que viven en esa zona, implica que, por ahora, México no estaría pagando más dinero por las gasolinas que su precio de venta al menudeo.

Eso está muy bien porque no se desperdician recursos del presupuesto para subsidiar los combustibles.

Pero, ¿llegará el día en que todo el país pueda gozar de una baja en los precios por estas razones de mercado? Y, ya de paso, ¿llegará el día en que podamos elegir la marca y el servicio del combustible que nosotros queramos y no sólo el del monopolio del Estado?

ecampos@eleconomista.com.mx