En el entorno de la gran expectativa de cambio que se está generando en el país en estos días, la decisión de los legisladores de dejar atrás sus grillas para ponerse a trabajar en el bien del país inyectó un gran entusiasmo; no obstante, no se requirió de mucho para ponernos de vuelta en nuestra realidad.

Lo afirmó el coordinador general de la transición, al afirmar que el país no se va a transformar por arte de magia en la próxima administración.

Vaya que tiene razón, con todo y reforma laboral, la que finalmente se apruebe, ni va a haber más empleo formal ni los sindicatos serán más democráticos y transparentes. Seguirán burlándose de nosotros y los líderes serán más ricos, con sus protectores, los partidos políticos, esperando capitalizar la enorme aportación que estas organizaciones harán en términos de votos para reelegirse o conservar posiciones.

Increíble es que menos de 5 millones determinen las decisiones que afectan a 112 millones y sigan ganando popularidad. Por el estilo vendrá la reforma energética, al igual que la de rendición de cuentas y la fiscal; todo cambiará para que todo siga siendo igual.

Por lo pronto, seguimos acumulando señales de que la crisis está por llegarnos al cuello; las exportaciones ya no crecen como antaño, pronto la producción industrial empezará a crecer menos y el empleo ni con los brujos de Catemaco que trabajan en el IMSS seguirá creciendo como nos informan todos los meses.

No sólo son esos obstáculos; no hay gas suficiente ni ductos para distribuirlo, la electricidad no ha crecido y posiblemente se vuelva escasa muy pronto, las carreteras con todo y el programa de infraestructura más ambicioso de la historia del país poco aportan; faltan vías de ferrocarril, los servicios de telecomunicaciones son malos y caros, aunque lo más importante: el mercado interno, sigue debilitándose.

El poco empleo formal que se genera es de muy bajos salarios, la informalidad se expande todos los días y la calidad de la educación y los servicios de salud poco hacen para aumentar la productividad y los salarios de la gente pobre.

Aun así, la inversión extranjera es optimista en varias actividades, pero con un mercado interno condenado a seguir en la pobreza y marginación, no hay forma de que se apoye una expansión sostenida de toda la economía; o sea, seguiremos igual. ¿Alguien ha pensado en el plan B?

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