Muy buenos, buenas tardes, buenas noches, te saludo con mucho gusto. En esta oportunidad quiero hacer un enfoque particular al negocio de molienda de soya, y producción de oleaginosas. Este negocio está en una profunda transformación.

Todo empieza por el componente energético de las semillas oleaginosas, me refiero al aceite. La administración Biden está implementando una estrategia con la que busca reducir la huella de carbono y tratar de ir a una flota de transportación eléctrica. Obvio esto no se hace de la noche a la mañana y por ello como ruta intermedia los bio combustibles tendrán una participación transitoria.

Hoy sabemos que se están construyendo fabricas enormes que estarán dedicadas a la elaboración de bio combustible renovable, y para el caso, más allá del etanol que ya conocemos, los aceites y gradas serán una parte medular en la sustitución de diésel. La agencia ambiental norteamericana tiene establecido un corte mandatorio y las refinerías deben integrar bio energéticos en proporciones indicadas o comprar cupos “RINs”.

Los aceites y grasas han tenido una veloz e impresionante subida de precios, la realidad es que honestamente los aceites vegetales el día de hoy son increíblemente caros, la nueva demanda para estos productos ha sacado por completo de contexto al negocio de oleaginosas y moliendas.

En el pasado, un negocio de molienda de soya se basaba en moler la semilla, extraer entre 18/19% de aceite y separar entre 73/74% de harina, también llamada pasta de soya que es la parte de proteína que se integra en raciones animales, el margen de molienda normalmente se recargaba en la participación marginal de la pasta de soya, y el aceite era un subproducto en relativo. No quiero dejar de mencionar la parte de fibra de la semilla que en un 5% produce la famosa cascarilla.

No quiero ponerme muy técnico con el tema, pero imagina que si ahora el producto que más valor representa es el aceite, para la soya las cosas se complican pues si la demanda se pone picante por el aceite las fábricas estarán moliendo más, y llenándose muy rápidamente de harina (pasta) que tienen que desplazar a descuentos mayores para que no les estorbe en las bodegas y termine parando la fábrica, el tema es que moler por aceite en una semilla que da un porcentaje bajo de aceite está transformando este negocio y en sentido estricto, muchos otros que dependen del aceite como materia prima.

Los precios altos del presente hacen prohibitiva la refinación y embotellado de aceite vegetal, la industria de refinación esta contra la pared. Los costos se han incrementado dramáticamente y el consumidor no está en condiciones de tomar el aumento de precios dada la situación económica que impera en estos tiempos híbridos entre recuperación y pandemia. La industria viene a contra margen y este es un tema muy delicado, pues no es un negocio viable.

Los aceites vegetales tienen una gama de aplicaciones enorme en la industria alimenticia, sea lácteos, farma, enlatados, panificación, confección, freído, Etc. Etc. Y no solo estas industrias lo están pasando mal, de hecho las mimas empresas energéticas que están obligadas a la utilización de bio combustibles se quejan del elevado costo de su inclusión, hay pequeñas refinerías independientes en Estados Unidos que han lanzado demandas en contra de la autoridad y han solicitado que les sea exentado este costo una vez que dichas empresas independientes no están conectadas con el consumidor final y no pueden descargar el costo que el bio combustible les confecciona.

Los combustibles renovables cuya base sea un aceite o grasa solo son rentables por medio de un subsidio y ahí es donde las cosas van a mal. Un industrial de hidrocarburos que integra bio energéticos recibe un crédito fiscal, en sentido estricto esta subsidiado, estos industriales crean una agitada demanda que hace que el precio levante fuertemente, y el dolor para el resto es que, nadie en la cadena fuera de los participantes de este negocio bio energético recibe subsidio y de esa forma, pagamos un elevado costo por los aceites y grasas, sin recibir ayuda alguna.

La presión inflacionaria en muchísimas industrias es enorme, y como ya mencioné hace un rato, el consumidor no está en capacidad de tomar brutales incrementos de precios simplemente porque alguien en la administración Biden ha decidido ir a fomentar una industria que queda realmente muy chica para el universo energético y demasiado grande para el universo de utilización alimenticia.

El mundo no para de transformarse, en el camino seguimos viendo como un cultivo en proceso para el hemisferio norte se resuelve mejor que lo que se anticipaba. Está lloviendo y las cosas de momento se ven bien.

Ánimo

aochoa@rjobrien.com