Ahora se emprenden de manera más visible (¿publicitada? ¿intensa?) batallas contra prácticas fiscales aberrantes que llevaban años ocurriendo.

Aristóteles Núñez Sánchez no podría ser más diferente a Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, su antecesor en el Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Núñez Sánchez viene de Oaxaca, pertenece a una familia de clase baja y trabajó en una empresa de mudanzas para poder estudiar su carrera en el Politécnico.

Alfredo Gutiérrez forma parte de una familia de altos funcionarios públicos y hombres de negocios. Es nieto de Antonio Ortiz Mena, que fue Secretario de Hacienda en los gobiernos de López Mateos y Díaz Ordaz y director del Banco Interamericano de Desarrollo.

Las diferencias entre ambos son notables, como lo es también el cambio de perfil público de la oficina recaudatoria. Estamos ante un nuevo SAT, de corte más agresivo. Los signos más evidentes son la publicación de las listas negras de evasores y el anuncio de la persecución de los que participan en el mercado ilegal de facturas fiscales.

Las diferencias no implican ruptura, entre otras cosas porque el ecosistema hacendario tiene un servicio civil de carrera que garantiza cierta continuidad.

El nuevo SAT utiliza muchos de los recursos que fueron desarrollados en el sexenio anterior, entre ellos los sistemas informáticos capaces de procesar big data y un equipo legal especializado en litigios de alto impacto económico.

Aristóteles Núñez pertenece al equipo del Secretario de Hacienda de una manera que Alfredo Gutiérrez Ortíz Mena nunca perteneció a los equipos de Agustín Carstens o Ernesto Cordero. Esto cuenta para entender por qué estamos ante una coordinación más estrecha entre el SAT y Hacienda de la que tuvimos durante la administración anterior. El mensaje de Luis Videgaray de buscar una política tributaria donde paguen más quienes ganen más encuentra resonancia y amplificación en los discursos y acciones de Aristóteles Núñez.

Quizá por eso es que ahora se emprenden de manera más visible (¿publicitada? ¿intensa?) batallas contra prácticas fiscales aberrantes que llevaban años ocurriendo.

La compraventa de facturas ha sido un fenómeno generalizado desde hace una década y se trata de un negocio de lavado tan fabuloso que algunos de sus practicantes no le envidian a los narcos sus márgenes de ganancia. Está tipificado como delito desde hace años, pero la autoridad no se había comprometido de manera tan elocuente a combatirlo.

El fuerte discurso de ayer de Núñez Sánchez en contra de las prácticas de evasión de algunas multinacionales hay que leerlo en otro contexto, el de una creciente coordinación internacional en temas fiscales.

Debido a la entrada en vigor del FATCA, México está obligado a participar en intercambios de información fiscal y financiera con Estados Unidos y algunos países de Europa.

La evasión fiscal no volverá a ser lo que era. Tenemos nuevo administrador del SAT, así como nuevas leyes tributarias que producen un Servicio de Administración Tributaria dotado de mayores prerrogativas y que es participante activo de una red internacional de intercambio de información.

El objetivo de recaudar más y perseguir a los infractores de la ley es irrefutable, pero los medios podrán generar controversia. Entre los grandes temas que vienen se encuentran la definición de los límites a la autoridad hacendaria y la promoción de los derechos de los contribuyentes. Estamos en México y suena exótico. Estamos en México, por eso es imprescindible.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx