¿Cómo pudo un país respaldado por una de las monedas más fuertes del mundo llegar a estos niveles de endeudamiento irracional?

¿Cómo es que llegamos al día en que Grecia obliga a sus acreedores privados a aceptar pérdidas por 106,000 millones de euros como una opción para recuperar algo de todo el dinero irresponsablemente prestado a un país como ése?

Esta mañana los mercados amanecen más relajados y hasta optimistas porque el gobierno de Atenas logró que una gran mayoría de los acreedores privados aceptara esta realidad.

Hay hasta alegría porque ahora le van a soltar otros 130,000 millones de euros, que serán suficientes para garantizar el pago de sus recortadas deudas de aquí a un par de años. Y después, se supone que la economía helena será capaz de haber generado la estabilidad suficiente para seguir pagando sus deudas durante muchas décadas más.

Las consecuencias económicas adversas de desempleo, aumento de la pobreza y baja drástica de la calidad de vida serán asuntos internos que el mundo olvidará conforme pasen los meses y se deje de hablar de la gran crisis griega y del mayor canje de deuda en la historia moderna. Pero lo que habrá de quedar es una consecuencia financiera indeseable para los demás.

Es como un seguro de gastos médicos o de accidentes, donde basta que algunos cuantos asegurados hagan un uso excesivo o abuso del instrumento para que todos los demás tengan que asumir las pérdidas en un aumento de los montos de las pólizas.

Ahora que hay instituciones financieras de gran renombre que tienen que asumir quitas de hasta 75% de sus inversiones en ese supuesto mercado maduro del euro, van a voltear hacia sus otros acreditados con otra cara, con otras condiciones.

Durante estos últimos días recibieron un ultimátum de una economía terriblemente manejada como la griega. Les dijeron a los bancos privados que más les valía aceptar que habían perdido más de la mitad de su dinero y que tomaran los bonos de canje de deuda como su única alternativa de no quedarse con las manos vacías.

Así que lo que van a salir corriendo a hacer es aumentar los costos de los créditos de otras economías con el pretexto, y justificado además, de protegerse de las irresponsabilidades financieras de los gobiernos.

Porque hay que recordar que cuando estalló la crisis griega fue una sorpresa para muchos darse cuenta del nivel de deterioro de las cuentas públicas helénicas.

Así que bien podrían llegar a cualquier nación a pedir un premio adicional para cuidarse de un impacto negativo.

Los grupos financieros querrán hacer un guardadito para cualquier imprevisto y eso se hace con cargo a sus clientes actuales, ya sean de productos personales o de grandes deudas soberanas o corporativas.

Quizá para poder acercarnos a las consecuencias financieras para el mundo hay que recordar el caso mexicano tras los errores de Salinas y Zedillo de mediados de los 90.

Antes de la crisis una persona podía conseguir un crédito hipotecario, automotriz o tarjeta de crédito prácticamente con tan sólo solicitarlo. Las tasas eran bajas, la economía era estable y aunque los acreditados no tuvieran la capacidad financiera suficiente para hacer frente a sus nuevas deudas, la expectativa de un crecimiento nacional sostenido compensaba ese riesgo.

Pero las condiciones financieras del país cambiaron y la gente fue incapaz de pagar lo que debían, esos sujetos del ejemplo son como los griegos que, si bien perdieron la casa o el coche, provocaron un quebranto en las instituciones financieras que no recuperaron el total de lo arriesgado.

¿Y qué pasó entonces? Las instituciones que resultaron tras la crisis del 95 simplemente cerraron la llave del crédito. Durante muchos años simplemente los bancos no prestaban.

Era mucho el riesgo de prestar a una persona física y moral, y además tenían el gran negocio de comprar los bonos de su propio quebranto al gobierno. Tal como ahora los grupos financieros europeos que toman dinero prestado del banco central a 1% y prestan a los gobiernos con tasas 400% superiores.

Vienen pues épocas de sequía financiera para el continente europeo y para todo aquello que pueda parecer riesgoso para los prestamistas.

Así que, qué bueno que Grecia se arregló con sus acreedores, que lástima que al final el mundo entero pague la factura de la irresponsabilidad europea.