Que no hay mujeres... Que no están preparadas... Que no les interesa… Que no cumplen con los requisitos… Que las mujeres no pueden ganar una elección… Que es imposible cumplir con las cuotas de género… Pretextos, puros pretextos para la discriminación dentro de los partidos políticos. El IFE advirtió que de no cumplir con la cuota de género, los partidos serían amonestados y se procedería a dejar sin registro (por sorteo) el número de fórmulas necesario para alcanzar la cuota de 40 por ciento. Y ahora, después del ultimátum del IFE, en 48 horas aparecieron esas mujeres. ¿Dónde estaban?

Todos los partidos pudieron cumplir en término con esta exigencia (falta revisión de las listas por IFE). El PRI incluso presumió 50% de mujeres en su pluris. De acuerdo con el censo, más de la mitad de la población somos mujeres. En una sociedad equitativa y justa, éste debería ser un efecto natural. Pues en México y en muchos países del mundo no sucede. De acuerdo con el Índice de Equidad de Género (IEG) 2009, México tiene un índice general de 61 (sobre 100). El índice en nuestro país es comparable con el de Jamaica, está muy por debajo del de Suecia e incluso es más bajo que el de Perú. Es interesante desagregar el IEG en sus componentes de educación, actividad económica y empoderamiento. En educación, el índice de nuestro país es muy cercano a 100 (98.8). Sin embargo, cuando observamos actividad económica es sólo de 44.3 puntos y, peor aún, de sólo 38.5 puntos en el rubro de empoderamiento. ¿Por qué mayor equidad en acceso a la educación no se ha traducido en mayor equidad de género en la actividad económica y participación política?¿Es un tema de discriminación?

En el acceso a los espacios de toma de decisiones y en el ejercicio del poder, la desigualdad entre hombres y mujeres es evidente. Por ejemplo, esta Legislatura inició con 140 mujeres legisladoras y hoy sólo quedan 129 diputadas, reduciendo el porcentaje de 28 a 25.8 por ciento. En el Senado, el escenario es todavía más sombrío: 23.4% de los senadores es mujer. Peor aún, de las 32 entidades federativas, sólo una es gobernada por una mujer; en tanto que en la Suprema Corte de Justicia de la Nación únicamente hay dos ministras.

El establecimiento de cuotas viola el principio de igualdad, no es neutral y usa un criterio prohibido para diferenciar entre las personas, como es el sexo, pero en sociedades donde la mujer ha sido excluida sistemáticamente de los espacios de poder, las cuotas pueden ser una medida efectiva para detonar la participación de las mujeres.

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