El gobierno de la Cuarta Transformación no ha hecho absolutamente nada para paliar la situación económica de las mujeres mexicanas en medio de la pandemia...

Los feminicidios, las violaciones y las agresiones han continuado en el país viento en popa, mientras que la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, sigue entregada a la consigna de otorgar “abrazos en lugar de balazos”.

Las ediciones de los diarios del pasado martes, salieron literalmente rebosantes de notas relativas al Día Internacional de la Mujer. El diagnóstico que se recoge en todas esas publicaciones es clarísimo: la pandemia ha causado un daño gravísimo en particular a las mujeres del mundo, pero ese daño ha sido mucho más intenso en nuestro México. Tan solo a guisa de ejemplo, según la OIT (Organización Internacional del Trabajo) México cuenta con una de las tasas más bajas del mundo en materia de participación laboral femenina con únicamente el 44%, mientras que por ejemplo en Perú ese índice era en 2019 de 68 por ciento.

Otra constante que se ha hecho evidente en la materia es que México carece de una estrategia de Estado para apoyar el desarrollo integral de las mujeres mexicanas. Nada. El reconocimiento provino nada menos que del propio secretario de Hacienda, Arturo Herrera, en una videoconferencia. Textualmente ese funcionario dijo que en el país no se había “conseguido dar las condiciones adecuadas para que las mujeres se incorporen de manera plena al mercado laboral”.

En México, el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación no ha hecho absolutamente nada para paliar la situación económica de las mujeres mexicanas en medio de la pandemia, pero además tampoco se ha expedido una estrategia visible y funcional para procurar una mayor seguridad en su favor. Como es ampliamente sabido, los feminicidios, las violaciones y las agresiones han continuado en el país viento en popa, mientras que la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, sigue entregada a la consigna de otorgar “abrazos en lugar de balazos” a los feminicidas, agresores y violadores.

Y frente al panorama descrito, se nos aparece la postura del controvertido presidente López Obrador con respecto a los movimientos de las mujeres. Coincido con la opinión dada por don Manuel Ajenjo en su columna del pasado martes de que el presidente no se “ha definido tajantemente” con respecto a las movilizaciones de las mujeres. Es decir, “su reacción ante los pronunciamientos femeninos no es clara. Duda”. Los ejemplos son muchos, y tan solo hago referencia a una carta pública de reclamación suscrita por 2,500 mujeres destacadas, a la cual el mandatario no ha dado respuesta. Y también, el caso ignominioso de la candidatura del acosador sexual Félix Salgado Macedonio por el partido Morena a la gubernatura de Guerrero. ¿Hasta cuándo?

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

Lee más de este autor