La pregunta no es si Grecia va a caer en suspensión de pagos o no. Ni siquiera la pregunta es cuándo, lo que importa es si cuando esto suceda Europa y el país helénico tendrán preparado un plan de tránsito ordenado hacia la reestructura de los pasivos.

Y es que si la crisis de incumplimiento de pago estallara bajo las condiciones actuales, sería terrible la onda expansiva hacia el resto del continente, con énfasis en Irlanda y Portugal, pero también con facturas casi inmediatas para Italia y España.

Por eso, es correcta la apreciación de que estas horas del miércoles son cruciales para el destino griego y de toda la unidad monetaria. Es exacto decir que el capítulo de hoy es uno de los climáticos de esta tragedia griega interpretada en varias temporadas.

El escenario es digno de una película, porque dentro del Parlamento griego los legisladores se apresuran a tomar una decisión que implica sellar el futuro de su país. Si deciden aprobar el paquete de austeridad propuesto, implicará muchos años de vacas flacas y un empobrecimiento nacional notorio.

Pero si por alguna razón deciden que el castigo social es muy elevado con este paquete y optar por un esquema sudamericano de decir no pago y háganle como quieran , el resultado puede ser devastador para esa sociedad, esa clase política, ese país, ese continente y este mundo.

Entonces, dentro del recinto legislativo están estos actores de la historia tomando una decisión crucial, pero fuera, en las calles de Atenas, aunque también de muchas otras ciudades importantes de este país, hay gente en las calles presionando para que los políticos no hipotequen las políticas públicas en favor de sus acreedores.

En Grecia ha privado un discurso muy de izquierda que ha llevado a la creación de movimientos radicales que se oponen de manera contundente a los poderosos países del norte europeo.

En Grecia hay también grupos tipo SME, 400 Pueblos o Panchos Villas. Hay muchos grupos organizados, sólo que allá se llaman Adedys o Pames.

Estos grupos encarecen las protestas ciudadanas con actos de violencia que dan la vuelta al mundo y retratan una sociedad dolida.

Pero es un hecho que hay descontento. En alguno de los recortes presupuestales del año pasado me tocó ver cómo las maestras de una primaria formaban una barricada de niños en la única calle que cruza la parte alta de la Isla de Santorini para bloquear el paso de los autos y protestar contra el gobierno.

Lo que los griegos están a punto de ver es un plan de ahorro de 28,400 millones de euros y un paquete de privatizaciones por 50,000 millones de euros que tienen que cumplirse antes del 2015.

Si los griegos no aprueban este paquete doloroso de recortes y desincorporaciones, simplemente no van a obtener los 12,000 millones de euros en deuda adicional que hoy necesitan para pagar lo que deben de más corto plazo.

Este país debe más de 1.5% de su Producto Interno Bruto o lo que es lo mismo: todos sus ciudadanos deben trabajar año y medio sin recibir un solo centavo para que su país pague lo que debe.

Es imposible que bajo esas condiciones Grecia se salve de tener eventualmente que declarar la moratoria.

La diferencia será estar preparados para ello. Una negociación política intensa que permita a Atenas y de paso a Dublín y Lisboa negociar una especie de Plan Brady a la europea que regrese verdaderamente la viabilidad a estos países para crecer en el mediano plazo.

Bajo las condiciones actuales, la historia griega está llamada a acabar en tragedia, aunque en el episodio de hoy se entregue en ofrenda un paquete draconiano de ajuste presupuestal.

El problema de llegar hasta esta parte climática de la tragedia es que durante una década nos perdimos, sobre todo las autoridades regulatorias europeas, de una historia de enredos financieros, irresponsabilidades en el gasto, novelas de ambición que llevaron a las naciones europeas a asumir prácticas irresponsables que hoy los tienen ahí.

Entonces, si hoy atendemos a un argumento digno de Eurípides es por la desatención de muchas horas de comedia de enredos financieros del pasado.