La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) se ha convertido en uno de los grandes actores de la vida pública nacional, lo que en cierta manera contradice el protagonismo exagerado otorgado al presidente electo Andrés Manuel López Obrador. No estimamos negativa dicha presencia, pues en una economía de mercado como la protegida por el artículo 28 constitucional, la competencia juega un papel determinante, que justifica su autonomía constitucional y sus famosos “dientes”. Lo que no sabemos es si tales intervenciones son oportunas, máxime en un cambio de gobierno tan terso, o por llamarlo por su nombre, de una auténtica transformación.

La Cofece acaba de anunciar la posibilidad de impugnar las reformas a la Ley de Adquisiciones de Tabasco ante la Suprema Corte por ir en contra del principio de concurso público a través de licitaciones que obliga a contratar en esos términos el artículo 134 constitucional.

Nos enteramos de la investigación abierta a los fichajes de jugadores de equipos de futbol cuando falta un tris para que se acabe el año y la Comisión cambie sus instalaciones.

En momentos de transición, a veces pacífica y a veces no tanto, estimamos que sería oportuno que las comisiones autónomamente constitucionales hicieran un alto en el camino para hacer una evaluación de su desempeño y acercarse al equipo de transición para ver qué ajustes de política económica busca el nuevo mandatario y diseñar un plan de transición o de ajuste si éste es necesario.

No es momento de abrir nuevas investigaciones o de enconarse frente al nuevo gobierno. Mientras éste va deshojando la margarita de sus planes, proyectos y decisiones, mientras no haya dicho nada en política de competencia estimamos que se deben tender puentes entre ambas instituciones. Qué va a pasar con los inspectores de Cofece es un sencillo tema que afecta directamente a la Comisión y que en la actual administración ya se han mandado signos encontrados.

Creo que la Cofece ha hecho un trabajo noble, aunque perfectible, que es el que se debe mostrar al nuevo gobierno. Seguir abriendo investigaciones a lo Sherlock Holmes en este momento de transición no tiene sentido y parece que la Cofece no lo tiene claro. Si de por sí con situaciones como el aeropuerto ya se dividió el país y se polarizó la población, la Cofece en este momento, al igual que los demás organismos constitucionales autónomos deben ser —por su especial posición en la estructura de poderes, al tratarse de una especie de cuarto poder, como en su momento fue el Supremo Poder Conservador en la Constitución de 1836— un factor de unidad.

Los empresarios ya están de por sí nerviosos con la transición; en octubre el peso se depreció cerca de 10% motivado por diferentes factores; las calificadoras están revisando el grado de inversión de México; todavía no se sabe el rumbo del nuevo gobierno y sólo hace falta que las comisiones constitucionalmente autónomas siembren el terror en los de por sí erráticos mercados financieros. Como dice el libro sapiencial, hay un momento para todo. Creo que la actual coyuntura política exige calma, prudencia, ponderación, situaciones que de momento no hemos visto al menos en la Cofece.

La Cofece es transexenal, es verdad; pero sus decisiones se toman en un entorno económico y político que no debe ser despreciado. Ojalá adopte una actuación sabia de toma de conciencia y autoevaluación y no persiga el último cártel hasta su último minuto de existencia.

*Máster y doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de Competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.