El acto arbitrario más reciente del señor Chávez en Venezuela, al hacerse de una empresa de alimentos, motivará a decir, a quienes interpretan la historia como círculos concéntricos, que no hay nada nuevo bajo el sol. Los problemas de la humanidad siguen siendo los mismos: desigualdad, pobreza, falta de oportunidades, inestabilidad y, ahora, el medio ambiente, ponen en riesgo lo poco que hemos ganado hasta ahora.

Las soluciones aplicadas han sido las mismas que una y otra vez han probado su ineficacia para resolver los problemas en el largo plazo, y que, cuando la sociedad se percata del engaño, producen fuertes reacciones que fácilmente pueden derivar en violencia.

Ahí están los enormes déficit en que diversas naciones han incurrido con el pretexto de contribuir al alivio de carencias sociales ancestrales o de corregir injusticias, y que eventualmente generan deuda, devaluación, inflación, fuga de capitales e inestabilidad mundial. Sólo ganan los especuladores, a costa de la sociedad, quien paga el costo completo de los ajustes que invariablemente se deben hacer para corregir la situación. Esto para México no es nada extraño.

En el último lustro hemos visto desfilar una serie de personajes variopintos, que con disfraces de héroes populares han sido electos por sus pueblos, hartos a su vez de sufrir las consecuencias de la verborrea de los políticos, quienes buscan así cubrir su incapacidad para generar crecimiento y resolver problemas. Nada nuevo bajo el sol, en Latinoamérica y en especial en México, esta solución ha sido utilizada desde el inicio de los gobiernos revolucionarios para engañar a la gente. Se le engaña a ésta porque nunca un gobierno populista en el mundo ha probado poder administrar una empresa mejor que un empresario.

El mejor gobierno, lo interpretamos aquí en términos de productividad y reparto de los beneficios entre los factores que intervienen en la producción, y no se trata de hacer una apología de los empresarios sino de decir que ningún populista ha sido capaz de plantear un esquema de organización que supere los actuales. El final de esta película ya es harto conocido, por desgracia, y llegará el día que la sociedad, nuevamente harta del populismo de sus personajes se deshaga de ellos, ya sea por medio de las urnas o aplicando medidas extremas, dolorosas pero necesarias.

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