Los republicanos se posicionan políticamente ?con el enfoque de que el gobierno debe ser pequeño.

La posición del partido demócrata dice que el gobierno debe actuar como promotor activo del crecimiento económico.

Con la elección de Paul Ryan como candidato a la Vicepresidencia por parte del Partido Republicano, el candidato presidencial Mitt Romney ha decidido centrar la discusión principal de la elección en el debate sobre el rumbo de la política fiscal de EU.

Paul Ryan es congresista por el estado de Wisconsin y ha presidido el Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, donde se ha destacado por sus ideas conservadoras en cuanto al manejo de la política fiscal. Ryan ha planteado la privatización del sistema de seguridad social y una fuerte reducción en el gasto relacionado con programas de asistencia social aunada a una disminución en las tasas impositivas.

Desde el año pasado, el Congreso de EU se encuentra en una situación de impasse para consensuar un plan de mediano plazo de reducción de deuda y disminución del déficit fiscal.

Desde agosto del 2011, el gobierno de EU estableció un supercomité bipartidista con la tarea de formular un plan presupuestal multianual para balancear el presupuesto y reducir el nivel de apalancamiento de endeudamiento público.

El supercomité produjo un plan coherente, conformado por estímulos de corto plazo y reformas en el mediano plazo a los programas de seguridad social y subsidios para reducir la deuda en combinación con una simplificación del código impositivo.

Sin embargo, los republicanos en la Cámara de Representantes se opusieron a esta receta; mientras que los demócratas tampoco otorgaron su apoyo explícito, dejando el rumbo de la política fiscal en el limbo electoral.

El debate sobre el rumbo de la política fiscal y el papel del gobierno como promotor del crecimiento económico se está convirtiendo en la madre de todas las batallas político-electorales. Por un lado, los republicanos se están posicionando políticamente con el enfoque de que el gobierno debe ser pequeño, cobrar pocos impuestos y no estorbar al sector privado.

Bajo esta visión, el partido ha tomado una rígida postura de no más impuestos mientras intentan convencer al electorado de que un triunfo de Barack Obama implicará una nueva alza en los impuestos y un gobierno cada vez más inmiscuido en la economía.

Por el otro lado, la posición del partido demócrata argumenta que el gobierno debe actuar como un promotor activo del crecimiento económico mediante la inversión en infraestructura y que, además, debe jugar un papel crucial en mejorar la distribución del ingreso.

Los demócratas se están posicionando como el partido que no reducirá los beneficios de seguridad social y sólo incrementará los impuestos a los más ricos. La estrategia de los demócratas procura transmitir al electorado que los republicanos, de ganar las elecciones, implementarían una reducción masiva en las prestaciones de seguridad social al mismo tiempo que reducirían los impuestos al segmento más afluente de la sociedad.

En el fondo, ambos lados tienen algo de razón: es cierto que una de las razones principales en el incremento en las necesidades de financiamiento de EU está atada a la creciente carga de la seguridad social debido al envejecimiento de la población. Y es cierto que la única manera de cambiar esta tendencia es con una combinación de reducción en algunos beneficios de seguridad social y un incremento en los ingresos del gobierno.

El problema es que, a pesar de que el debate se presta para un rico análisis de argumentos para cada uno de los bandos, la parrioquialización de la política ha hecho que el debate se vuelva superficial, dogmático y electorero.

Los republicanos, secuestrados por su conservadora más radical, están obstinados en no tomar medidas que incrementen la recaudación, aunque esto implique recortes masivos al gasto gubernamental que pueden poner en riesgo la endeble recuperación económica.

Por otro lado, los demócratas parecen obstinados de no reducir ni un centavo las transferencias por seguridad social, argumentando que éstas son básicas en un momento de alto desempleo como el actual.

La incertidumbre sobre el rumbo de la política fiscal, la pobreza del nivel de debate y la radicalización de las posturas políticas representan una amenaza que no podemos perder de vista. Si el nuevo gobierno electo no logra los acuerdos necesarios de manera ágil y prudente, la economía de EU enfrenta un precipicio fiscal de proporciones mayúsculas para el 2013.

[email protected]