Un acontecimiento importante de la política estadounidense fue que Trump quedó absuelto en el juicio político que le hicieron. Otro, su Informe a la Nación, que no fue tal, sino una referencia a eventos complacientes como la negociación del T-MEC y estar utilizando la frontera sur de México como muro de contención a los migrantes, principalmente centroamericanos. Simbólicamente fue la creación de su muro.

Estos hechos le dan a Trump mayor seguridad y convencimiento de lo que hace. También significa que son débiles los liderazgos alternativos dentro del país, secuestrados por intereses partidistas.

Asimismo que los sectores menos educados son la base de su apoyo, mismos que están asustados por el creciente malestar social; saben que Trump es grosero, vulgar, ególatra y narcisista. Y les gusta por sus desplantes nacionalistas. Para el mundo, el triunfo de Trump fue impactante porque no significa la defensa de la democracia y compartir la solución a los problemas globales, una responsabilidad de los países que ejercen liderazgo mundial, sino su defensa al capitalismo salvaje y su rechazo a los éxitos del Estado de bienestar, que permiten cohesión social y solidaridad.

Representa, también, la disfuncionalidad que ha caracterizado a toda superpotencia, que puede permitirse errores y excesos mientras están en la plenitud de la riqueza y el poder. Hace 25 años, Washington creyó que iba a reinar en el mundo con un poder irresistible, pero tras una serie de derrotas y traspiés bélicos, políticos y económicos, ahora es el populismo el que gobierna. Y parece que la clase política se resiste a creer que así es.

El problema de los candidatos de izquierda en Estados Unidos es que adoptan una posición extrema, socialista, lo que produce dudas en la población por la experiencia del fracaso de la Unión Soviética y los países del Este de Europa que estaban bajo su influencia. También excluyen el centro político que es la prudencia, natural enemiga de los extremos, el puente entre el autoritarismo y la democracia.

Para Trump, América Latina no es relevante. Sólo somos una región que expulsa a una población creciente que busca trabajo en Estados Unidos. Es indiferente a propuestas valiosas como fue el Plan de Desarrollo para Centroamérica que le formuló el gobierno mexicano. Y en el contexto político quiso invadir Venezuela como le aconsejaban sus asesores, pero se detuvo porque este país tiene el apoyo de Rusia y China.

Su rechazo a las medidas para reducir los daños del cambio climático a través de la descarbonización de la actividad económica es muy grave debido a que EU y China representan 40% de la emisión de gases de efecto invernadero. Europa, por contra, ya tiene un ambicioso proyecto muy bajo en carbono con sistemas armonizados de incentivos a las energías renovables y una orientación que busca el ahorro y la eficiencia. La facilidad de Trump para hacerse de enemigos es notable: Corea del Norte, Siria, Irán, Palestina, los kurdos, la Unión Europea, a la que ve con desdén por sus iniciativas sobre armamento, migración y comercio.

China es un obstáculo simplemente porque es un competidor importante. En vez de reflexionar sobre los defectos y virtudes de Occidente y de Oriente, vocifera.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.