Se viven en el mundo cuatro pandemias que pasarán factura al ser humano en lo personal y en social. La primera es, desde luego, la de salud física causada por el virus SARS-CoV-2 aunada a la falta de capacidad de los gobiernos de hacerle frente a pesar de que, en promedio, recaudan 35% de la riqueza de sus gobernados para quienes no hay presupuesto que les alcance. Producto de la pandemia causada por el Covid asistimos a una pandemia económica en donde las desigualdades otrora existentes se han incrementado al mismo tiempo, las clases medias, sostén de los gobiernos; se vienen diluyendo, atrapadas en el ocio de las redes sociales y la desesperación de sentirse más cerca de la pobreza que de seguir escalando socialmente. Estas pandemias han perjudicado notoriamente a la educación en donde niños y jóvenes, al perder clases presenciales han perdido buena parte de su capacidad cognitiva y de sociabilización. Finalmente, asistimos a la pandemia de la salud mental que tiene a los seres humanos cargados de emociones que no han podido procesar lo que nos tiene bajo estrés, ansiedad y depresión que tarde o temprano podrán causar muchos problemas personales y sociales.

El Covid recordó al ser humano de que no somos dioses, que la alteración ingente de nuestros ecosistemas naturales y el seguir con la práctica medieval de comer animales vivos, nos puede aniquilar como especie. Nuestro sistema inmunológico es de los más débiles entre los seres vivos y pese a ello, nos obcecamos en no entender que la devastación de nuestra naturaleza trae consecuencias. En la parte económica el Estado y el mercado no se han podido poner de acuerdo para resolver juntos los problemas de la humanidad, necesitan, por tanto, replantear su relación. Por un lado, el mercado tarda mucho en resolver la distribución de la riqueza que incluso pudiera nunca llegar por más ideologías sociales y económicas que aspiren a ello. Por el otro lado, pese a que la economía mundial ha comenzado a recuperarse, una vez más, de la mano de EU; los gobiernos están sobre endeudados, sin capacidad de dar respuestas eficaces a la sociedad a pesar de la interminable danza de beneficios sociales que ofrecen de manera creciente. Sin embargo, preocupa todavía más el problema de la pandemia educativa que nos demuestra que horas y horas frente a una pantalla no necesariamente genera conocimiento y mucho menos capacidad de relacionarse adecuadamente. A esto hay que sumar las cantidades de emociones reprimidas y defectos de carácter descoyuntados, que es caldo de cultivo para la inestabilidad. Colombia es ejemplo, con un gobierno insensible que pide a la sociedad sobre los muertos del Covid, le entregue más y más dinero luego de año y medio de encierro, dolor y zozobra lo que ha generado la respuesta que todos estamos viendo. Nos enfrentamos al mayor reto en más de 100 años con gobiernos y mercado sin capacidad de respuesta.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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