Hoy en día, la mayoría de personas en el mundo con acceso a internet pertenecen a una comunidad en línea, ya sea teniendo un perfil en una red social o participando activamente en grupos de diferentes naturalezas y motivaciones. En este contexto, sabemos que la pandemia reforzó la forma en la que nuestra relación con estas comunidades en línea, probablemente promovió que muchas personas se apoyaran en este tipo de grupos.

En relación con la alimentación, el interés por ver la relación con las comunidades en línea no es reciente.

Apenas empezaron los grupos de internet, algunos especialistas se interesaron en la forma en la que las personas creaban comunidad a partir de cierto aspecto de su relación con la alimentación: desde los grupos donde los vegetarianos o veganos compartían sus tips de estilo de vida, a cuestiones más oscuras como la existencia de grupos de trastornos de la conducta alimentaria en la que personas que los padecen, apoyan y promueven entre los miembros algunos tips que van desde cómo aguantarse el hambre hasta cómo hacer para bajar de peso rápido a costa de la salud. Estos dos ejemplos nos muestran activismos muy establecidos, pero las comunidades en línea pueden ser también de algo aparentemente recreativo, como el hecho de compartir recetas.

El rasgo que todas estas comunidades comparten, es que los usos y la vinculación entre sus miembros trascienden en muchas ocasiones el tema por el que se agruparon, volviéndose verdaderas redes de ayuda (o en el mal uso, de destrucción). Es por ejemplo, muy socorrido que hoy se levante la voz acerca del daño que pueden hacer las redes sociales, por ejemplo, en la promoción de cánones inalcanzables de belleza o de alimentaciones no sustentables en el tiempo con fines estéticos.

Sin embargo, lo interesante es que existe también evidencia científica reciente que apunta a que el tema de la auto comparación con lo que se ve en redes sociales y sus efectos , no siempre suelen ser negativos.  En algunos otros estudios, se encontró que algunas comunidades online llegan a ofrecer un verdadero soporte emocional para personas que lo necesitan. En cuestiones de salud mental, muchos pacientes han encontrado en internet el soporte emocional necesario, al poder compartir con pares sus inquietudes y estados emocionales.

Un factor que se señala en los estudios, es que las comunidades online también han evolucionado, por lo que la forma en la que las personas se relacionan a través de ellas y los usos que hacen de ellas, hoy en día están tan diversificados que es imposible meter en una categoría de “todo es malo” a lo que sucede en estas redes. Lo que se sugiere, es que finalmente las personas tienen que entrenar su criterio para que dentro del mar de información que se ofrece en redes, se pueda discernir sobre su uso.

El discernimiento de cómo una red social puede ayudar o perjudicar a alguien, se adquiere en el momento en que esas personas no se abstraen de la realidad para poder vivir solamente a través de las comunidades online.

Por lo tanto, resulta interesante ver hacia estos nuevos tiempos, cómo nuestra relación con la alimentación o con ciertos estereotipos del cuerpo, pueda ir cambiando a medida que también estas comunidades evolucionen según los usos que las personas hagan de ellas. Lo que queda claro es que hoy el usuario está buscando experiencias con alguna utilidad.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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