Las autoridades anunciaron que iban a desarmar a los grupos de autodefensa que han surgido en la zona de Tierra Caliente de Michoacán.

Primero, el líder, Manuel Mireles, manifestó su anuencia a esa acción del gobierno federal. Luego se retractó y puso como condición para el desarme que se terminara con los grupos delincuenciales de la zona, empezando por la captura de sus cabecillas.

Desde luego, la precondición de Mireles nunca habría sido atendida. Sin embargo, claramente tenía razón. En términos legales, es indiscutiblemente correcta la afirmación del procurador Murillo en el sentido de que la ley es clara sobre quién debe estar armado y a quién le compete la persecución de los delitos . El problema es que detrás de esa verdad legal está también el hecho flagrante de la ineficacia y corrupción de las instituciones, cuya misión es proteger a la ciudadanía de la amenaza del crimen. En el caso de Michoacán, el fracaso en el cumplimiento de esa encomienda ha sido tan estrepitoso, que por eso los ciudadanos se empezaron a armar.

Prácticamente, ningún comentarista ha dirigido su vista a explorar el inmenso costo económico que ha traído la negligencia de los cuerpos policiales encargados de preservar la seguridad en la Tierra Caliente de Michoacán. Lo peor de todo es que esa ineficacia no sólo ha tenido origen en la incompetencia de los policías, sino también en su corrupción. Así, mientras los agricultores de la zona y los comerciantes sufrían un aumento en sus costos de operación, por las extorsiones que debían pagar a Los Caballeros Templarios y a otras mafias de la comarca, los bolsillos de los policías cómplices se hinchaban impunemente.

Para las autoridades, tanto están fuera de la ley los grupos de autodefensa como los delincuentes. Sin embargo, desde el ángulo económico, existe una diferencia inmensa entre ellos. El predominio de la delincuencia está causando estragos en la economía local. Explicó Mora, otro de los líderes de las autodefensas: A los aguacateros les cobraban 2000 pesos por hectárea. Aquí (en la Ruana) -donde surgió el movimiento- la tortilla valía 11 o 12 pesos y la subieron Los templarios a 16; la carne costaba 80 pesos y la subieron a 95 . La conclusión es clara y abrumadora: sin la erradicación verdadera y eficaz del crimen organizado en Michoacán, de nada servirá desarmar a los grupos de autodefensa.

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