A pesar de los múltiples heridos, producto de añagazas y regaños, la unidad ha prevalecido a la hora de definir a los candidatos del PRI a las 12 gubernaturas que habrán de resolverse el próximo 5 de junio.

Unidad, sí, pero forzada, degradante. Allí está el caso del exalcalde de Aguascalientes, Gabriel Arellano. Bien ubicado en los estudios demoscópicos, sin padrinos o un grupo político nacional que lo respaldara, había invertido buena parte de sus recursos y su capital político para concitar apoyo entre las bases partidistas. El gobernador Carlos Lozano de la Torre lo dejó correr, sin cortapisas, aunque su favorito era el senador Miguel Romo Medina.

En el Palacio de Cobián estaba decidida la suerte a favor de la exprocuradora federal del Consumidor, Lorena Martínez, quien también ya gobernó la capital hidrocálida. Beltrones procesó la selección de la candidata, sabedor de que el avance del PAN en esa entidad impone al PRI presentarse sin fisuras al proceso electoral. Y con ese argumento, trató de negociar con Arellano, al que ofreció competir como candidato de unidad por la alcaldía de Aguascalientes.

Más que una invitación, era una orden. O así la interpretó el interesado, quien se negó a legitimar lo que en otras épocas llamaban dedazo. Y ahora mismo, valora si corre como candidato independiente ¿un Bronco hidrocálido? , lo que daría al traste con el tradicional bipartidismo que ha caracterizado a tal territorio del Bajío.

Sin nada que perder, Arellano ni se inmutó ante el ultimátum beltronista. Y siguió los mismos pasos de Marcelo González Tachiquín en Chihuahua. Exsecretario de Educación, cercanísimo a César Duarte, construyó las bases de su candidatura durante casi dos años, en la idea de que habría una contienda interna para definir al candidato. Pero el CEN decidió a favor del alcalde con licencia de Ciudad Juárez.

A cambio de su obediencia, le prometieron ser el líder del Congreso de Chihuahua, a lo que declinó tajantemente. En el extremo opuesto, Marcelo Quezada, ex alcalde de la capital chihuahuense, avaló la candidatura de unidad a cambio de que su esposa, Lucía Chavira, fuera postulada al cargo que ocupó al inicio del sexenio.

Este modelo de chapulinismo había probado su eficacia en Durango, donde la senadora Leticia Herrera fue obligada a ceder en su aspiración por la gubernatura, sin que las encuestas mostraran contundentemente que el alcalde capitalino, Esteban Villegas, sería favorecido. ¿Cómo evitar que el grupo político de la Laguna pactara con los opositores? Haciéndola como ahora es candidata en Gómez Palacio.

Rápido le tomaron la medida al modelo Beltrones. La senadora Blanca Alcalá mantuvo su resistencia de aceptar la candidatura de Puebla hasta que el CEN del PRI se comprometió a volverá a postular en el 2018, en caso de que no resulte electa, el próximo 5 de junio.

En el PRI pensarán que es mejor un mal arreglo que un buen pleito interno. La unidad, ante todo... pero ¿y las precampañas? Si bien sirvió para maniatar a los aspirantes sobre todo a los que habían amagado con aceptar candidaturas de otras fuerzas políticas , el modelo beltronista limitaba a los beneficiarios del dedazo, porque sin rivales enfrente, perdieron la oportunidad de recorrer sus estados, reunirse con las bases partidistas y aprovechar las prerrogativas otorgadas por el INE.

Y entonces, a buscar sparrings. Así ocurriría en Veracruz, donde una supuesta rebelión de los priistas fieles a Fidel Herrera habría llevado a una interna en la que el candidato de unidad, Héctor Yunes, enfrentaría al diputado federal Jorge Carvallo Delfín.

Interna habrá en Aguascalientes, donde Lorena Martínez medirá fuerzas con Juan Manuel de Alba Ortega. Ambos precandidatos acordaron recorrer juntos la entidad hasta el 11 de marzo, de acuerdo con el calendario electoral local. Esa será una interna desigual, injusta, como la que ocurrirá en Oaxaca, donde el candidato designado por el CEN, Alejandro Murat Hinojosa, tendrá que competir por la nominación con el exdiputado José Bolaños Guzmán, quien aceptó salir del retiro para dotar de legitimidad al exfuncionario peñista.

¿Proceso interno o simulación? ¿Y la unidad, sin cortapisas?

Murat Jr solicitó registro como precandidato, acompañado por la diputada federal Mariana Benítez y Samuel Gurrión. Ni el senador Eviel Pérez Magaña ni los dirigentes priistas identificados con el exgobernador Ulises Ruiz acudieron a esa romería que de acuerdo con cronistas locales, concitó a más de 20,000 personas en un gesto de rebeldía que no era esperado.

Desdenes aparte: pareciera que ya nadie se sorprende con los albazos que antecedieron a la designación de los candidatos del PRI, en al menos la mitad de estados donde se renovarán gubernaturas en este 2016. Heriberto Galindo Quiñones, por ejemplo, recurrió a sus redes sociales para adelantar que Quirino Ordaz tendría la misión (¿imposible?) de recuperar la gubernatura de Sinaloa. Emilio Gamboa, en cambio, aplicó para despedir a Blanca Alcalá.

Quedan dos candidaturas por definir y, nuevamente, abundan los borregazos. Todavía no hay humo blanco para Hidalgo y para Quintana Roo; piden en el CEN del PRI que la espera debe extenderse al menos dos semanas. Y recuerdan que hay cinco aspirantes: Mauricio Góngora Escalante, Carlos Joaquín González, Raymundo King, Gabriel Mendicuti Loria y José Luis Toledo.

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