En la visita de Calderón a Washington se siguió el guión establecido desde hace 20 años en el tema del narcotráfico: El gobierno de Estados Unidos asume ser parte del problema por los altos niveles de consumo de sus ciudadanos y reconoce la lucha de las autoridades mexicanas. El gobierno de México reclama una estrategia conjunta, la necesidad de la reducción del consumo de los estadunidenses y el control del tráfico de armas hacia México.

En esta ocasión, fuera del guión, se añadió la petición pública de Calderón para que se restituya la prohibición de la venta de armas de asalto a los ciudadanos estadounidenses que expiró en el 2004. La Casa Blanca, en respuesta, esperaron que Calderón regresara a México, manifestó que sobre ese punto no tenía previsto impulsar un proyecto de ley en el Congreso .

En la única visita que Obama ha hecho a México fijó cuál iba a ser la política en esa materia cuando a pregunta de un periodista respondió de manera contundente, para que no quedara duda, que en su administración no se haría nada para limitar el derecho de los ciudadanos a poseer las armas que éstos quisieran. La realidad es ésa y lo demás son ilusiones.

El gobierno de Estados Unidos seguirá sosteniendo el discurso políticamente correcto que esperan las autoridades, los políticos y los medios mexicanos, pero siempre actuará de otra manera. Al gobierno estadounidense se le puede criticar de hipócrita, pero no de falta de pragmatismo. Su política sobre las armas es la que ahora les resulta rentable y no la van a modificar.

El que tiene que romper el guión de los últimos 20 años es el gobierno mexicano. Es necesario porque las administraciones demócratas y republicanas no van a cambiar esa política y también porque la administración Obama ha dejado claro que van a enfrentar el problema de las drogas desde el enfoque de la salud pública y no de la guerra .

Si México quiere dar la guerra recibirá el reconocimiento y aplauso de las autoridades estadounidenses, pero nada más. El Presidente mexicano debe aprovechar el cambio de estrategia de Obama para también cambiar la suya.

La única manera en que el Estado puede ganar la lucha contra las drogas es desde la óptica de la salud pública. Ese día disminuirá el tráfico de armas hacia México.

En el marco de la estrategia de la guerra , las armas seguirán llegando desde Estados Unidos y América del Sur. Hay que cambiarla, enfrentar el consumo de las drogas como un tema de salud pública y discutir a fondo su legalización. Nuestros vecinos avanzan en esa dirección. ¿Por qué ir en sentido contrario? ¿Por qué no acordar una estrategia común? Hay, pues, que escribir un nuevo guión.