Un paso hacia adelante: toda la política

G. Ellmann, L'Impensable.

De cara a las elecciones del 1 de julio, el IFE no tiene más que cumplir con sus facultades. Primero, organizarlas bien. Segundo: en su calidad de árbitro en primera instancia, pues la segunda y definitiva es del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, gritar la noche de ese día un resultado inobjetable.

Así es como un buen réferi de una pelea de box por el título mundial -los hay malos-, comparación que no demerita en nada la competencia actual, cada vez más presenta los perfiles maduros de una democracia mediática. Quejarse de que los medios hacen presidentes implica un anacronismo deplorable. O dolerse de que los twitteros ataquen es querer estar en la sin-época digital, pero eliminando sus oleajes incontrolables y hasta siniestros. Si la vida es vida amenazada, la democracia no queda indemne. No se salva de la violencia. La democracia no es un paseo.

El riesgo mayor que enfrenta el IFE en los próximos días, al cocinar el llamado nuevo formato del segundo debate entre candidatos presidenciales, es que se meta a la pelea. Sin querer, se convertiría en un quinto peleador dispuesto a noquear al puntero o, por lo menos, a hacerle perder puntos. No tener claridad respecto de este peligro se llama, aquí, actitud piadosa. Imponer el formato podría rozar la ilegalidad.

Con las cifras del momento, pretender organizar un debate televisivo ejemplar -¿cuál sería?- significa conceder ventajas a los retadores y someter al que va adelante a todos los golpes, sean o no legales: los golpes bajos que ya abundan, picarle los ojos, torcerle un brazo o los dos y, finalmente, darle un cabezazo noqueador.

El IFE no está para dar gusto a los piadosos o a los ejemplares o a los puros. El IFE es una institución de Estado, un cuarto poder, y como tal ha de actuar estrictamente en el marco de la ley. El debate es un instrumento más de la lucha electoral. Sus reglas han de ser equitativas.

El velo de la ignorancia de Rawls ordena pensar en la igualdad en el centro del cuadrilátero. Cuando un concurso de oratoria decida las elecciones, ya verá cada partido de dónde saca su Demóstenes. Por lo pronto, la materialidad de ciertos procesos ubica las cosas en el lugar que les corresponden. El IFE no debe caer en voluntarismo alguno.